Postulado 3

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La relación directa entre la Conciencia y el Cuerpo sólo es posible en el aspecto mental del Cuerpo

René Descartes

Este tercer postulado afronta la cuestión del dualismo entre la Conciencia y el Cuerpo, el cual fue planteado por René Descartes a principios del siglo XVII en los siguientes términos:

Existen dos sustancias, llamadas res extensa y res cogitans, o los objetos extensos y los entes pensantes o conscientes. Aunque el término latino res se suele traducir como cosa, es más fiel al espíritu con el que Descartes lo utilizó el traducirlo de la manera que se ha hecho antes. 

La voz Realitas, o Realidad, procede de la misma raíz que la voz res, por lo que las dos res mencionadas por Descartes expresan la división de la Realidad en los dos tipos de sustancias mencionadas. 

Los objetos extensos son cosas en el sentido más convencional, pues tienen propiedades espaciales, como volumen, masa, densidad o temperatura. Sin embargo, esas propiedaders se refieren únicamente al tipo de cosas u objetos con los que estamos familiarizados mediante las percepciones sensoriales abiertas al mundo exterior. 

Pero acabamos de ver (Postulado 2), que la Realidad es multidimensional, participando el cuerpo humano de esa multidimensionalidad. Existen, por lo tanto, otro tipo de cosas diferentes de las cosas estrictamente físicas.

A esas otras cosas las podemos llamar con toda propiedad cosas psíquicas, aunque no sepamos cómo calcular sus propiedades homónimas en relación a las cosas físicas, como la masa, el volumen, la densidad o la temperatura. Tampoco sabemos en qué sentido esas propiedades físicas se aplican a los objetos psíquicos, si es que esa correspondencia existe. Lo único que podemos afirmar es que los contenidos de la vida mental de un ser humano cualquiera tienen esa categoría de res extensacosas espaciales, u objetos dimensionales, estrictamente no físicos.

Descartes planteó un problema que carecía de solución posible dentro del territorio de la Ciencia, a cuyo desarrollo él contribuyó de manera notable. La Ciencia nació como una actividad humana animada por la intención de liberarse de las especulaciones metafísicas y teológicas, para dedicarse de manera sistemática al experimento, la medida, la elaboración de hipótesis verificables o falseables, y el sometimiento de las mismas al supremo juicio del experimento. En cierto sentido, constituyó la primera actividad que el ser humano emprendió como individuo mentalmente adulto, al margen de la tutela de cualquier instancia supuestamente superior, y dotada de la capacidad de sancionar entre lo verdadero y lo falso.

Galileo

La Ciencia elaboró su propia metodología, basada en el experimento, la recopilación de datos, y la búsqueda de las regularidades presentes en esos datos, expresadas en el lenguaje de las matemáticas. Galileo declaró que las matemáticas son el lenguaje de la Naturaleza.

Al expresarse en estos términos, Galileo tendió un puente entre los objetos y los fenómenos perceptibles por nuestros sentidos externos, los fenómenos naturales, y otra categoría completamente distinta de objetos, como es la constituida por los símbolos matemáticos enlazados entre sí de acuerdo a las estrictas reglas del álgebra.

Todo estudiante de un curso elemental de Física se encontrará con las ecuaciones del movimiento descubiertas por Galileo. Lo que él aprenderá en el curso de pocas semanas, o meses, es el fruto de toda una vida de investigación y experimentación sistemática, más ese plus imponderable que es el genio matemático

La percepción comprensiva de las ecuaciones del movimiento no es posible apelando únicamente a la sensorialidad externa. Al observar los fenómenos que ocurren en el espacio físico, como puede ser el movimiento de un bloque de madera deslizándose por un plano inclinado, lo que vemos no son las ecuaciones que describen ese movimiento, sino un suceso perceptible por los sentidos externos, por la vista en este caso.

Fue la intuición matemática de Galileo la que le permitió ver con el ojo interno de su mente las regularidades presentes en la colección de números que había obtenido mediante sus experimentos, utilizando planos inclinados y bloque de madera que se podían deslizar por los mismos.

Ajustando sucesivamente distintos ángulos de inclinación, y midiendo el tiempo empleado por el bloque de madera en recorrer dos puntos fijos sobre la superficie del plano, obtuvo una secuencia significativa de números que velaban las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos sólidos. Para desvelar esas leyes y mostrarlas a la percepción comprensiva mental, se requiere de un nuevo tipo de sensiblidad mental

Al hablar de percepción comprensiva estamos aludiendo a alguna forma de sensibilidad interna diferente de las modalidades de la sensibilidad externa, que confluyen en el cerebro mediante los órganos de los sentidos. Podemos hablar entonces de una sensibilidad sensorialidad interna, o de un sentido interno, que es el responsable de nuestra capacidad de  ver objetos no físicos, objetos mentales.

A la pregunta ¿qué es la mente? podemos contestar de la siguiente manera: la mente es el órgano sensorial interno. Pero la mente actúa en dos modalidades, a las que podemos denominar concreta y abstracta. De acuerdo a la modalidad concreta, la mente está conectada al cerebro y a sus cinco modos de exteriorizarse como órganos de los sentidos: oído, tacto, vista, gusto y olfato. El sistema mente-cerebro-sentidos constituye el sistema sensorial externo de todo ser humano. Mediante ese sistema percibimos la variada gama de objetos que se encuentran en cada uno de los respectivos campos sensoriales.

Pero la mente también tiene otra posible modalidad de funcionamiento, otra sensibilidad,  por la cual es capaz de ver una clase de objetos diferentes por completo de los que existen en la Naturaleza, aunque estén estrechamente relacionados con ellos. A esa nueva categoría de objetos pertenecen, entre otros muchos, los entes matemáticos que conocemos como ecuaciones, como las que describen, por ejemplo, el movimiento de los cuerpo sólidos, tanto el que tiene lugar en la superficie de la Tierra, como el que se da, caso de los planetas y nuestro satélite, la Luna, en el espacio exterior.

De esta manera, el órgano mental, considerado en su integridad, se relaciona simultáneamente con los entes pertenecientes a las dos categorías de sustancias establecidas por Descartes. En su modalidad concreta, la mente es capaz de percibir, asociada al cerebro y a los terminales sensoriales externos, la variedad de cosas extensas que existen en los respectivos campos de los cinco sentidos externos.

En esa misma modalidad concreta, la mente puede percibir otros objetos no físicos, a los que podemos llamar con toda propiedad objetos psíquicos, como son los que tienen su lugar propio de existencia en ese espacio estrictamente privado y personal que todo ser humano acarrea consigo, y al que podemos llamar espacio mental o subjetividad. Para la percepción mental de estos nuevos objetos, los terminales sensoriales externos ya no son necesarios, sino que basta la asociación mente-cerebro.

De hecho, cuando queremos concentrarnos sobre algún asunto que nos interesa o nos preocupa, tendemos a aislarnos lo más posible de cualquier interferencia posible proveniente del mundo exterior, y que entra en nuestro espacio mental interior merced a las puertas abiertas a ese mundo, como son los órganos de los sentidos. 

Pero la mente, en su modalidad abstracta, es capaz de percibir o experimentar una segunda clase de entes, a los que se ajusta perfectamente la segunda clase de sustancia referida por Descartes, las cosas no extensas.

Al hablar de la res cogitans, los entes carentes de extensión o dimensionalidad, Descartes se refería a la conciencia o al alma. Pero la cualidad propia de las conciencias, o las almas, su capacidad perceptora y pensante, las relaciona de manera directa con dos tipos de entes, a los que podemos llamar ideas y formas mentales.

En relación a las formas mentales, o las formas de pensamiento, las ideas son entes abstractos o adimensionales. Las ideas son entes sobrenaturales a todos los efectos. En la Naturaleza no existe la idea árbol, como tampo existe la idea número o la idea cuadrado o circunferencia, o la correspondiente a cualquier otro ente geométrico ideal.

En la Naturaleza existen formas arbóreas, formas numéricas, o formas cuadradas o circulares, pero no los entes ideales de los cuales las formas son manifestaciones concretas y dimensionales.

Si nos centramos ahora en la experiencia consciente de los seres humanos, vemos que esa experiencia se refiere tanto a los entes concretos y dimensionales como a los entes abstractos y adimensionales. A las formas mentales y a las ideas.

Mediante la sensibilidad mental, en su modalidad concreta o formal, podemos percibir las formas que existen en cualquiera de los cinco campos sensoriales, pertenecientes al espacio exterior, asociados a los cinco sentidos externos. Y también podemos percibir las formas mentales presentes en el espacio interior o subjetividad, los contenidos de nuestra vida mental o anímica.  

Recordemos ahora el enunciado del tercer postulado:

La relación directa entre la Conciencia y el Cuerpo sólo es posible en el aspecto mental del Cuerpo

Todas las escuelas filosóficas de la India clásica, tanto las de procedencia hindú como budista, atribuyen a la sustancia mental, llamada chitta, la cualidad conocida en sánscrito como aham-kara, que puede traducirse como causa del yo o yo causado. En traducción libre, pero fiel al espíritu de esa expresión, la llamaremos yoidad.

La Ciencia no considera, ni siquiera como posible hipótesis de trabajo, la existencia de una modalidad de sustancia-energía cuya cualidad característica sea la conciencia difusa, otra posible manera de entender el término yoidad. Y, sin embargo, dentro de un modelo multidimensional del Espacio, tal expresión particular del Principio Sustancial Universal que subyace en el inabarcable Espacio, es tan real como las modalidades de la energía conocidas por la Ciencia.

Por consiguiente, la cuestión planteada por Descartes en su teoría de las dos sustancias, es literalmente imposible de ser resuelta dentro del modelo científico actual, que tan sólo considera una modalidad de sustancia material, que es la responsable en última instancia de la vida mental, y del efímero fenómeno de la conciencia.

Pero si nos atenemos al modelo del Espacio multidimensional, y de la naturaleza del cuerpo humano como un ente multidimensional, el imposible dilema planteado por el filósofo y matemático francés tiene, dentro de ese modelo, su adecuado planteamiento.

La conciencia es un ente sobrenatural, puesto que no es el resultado de las actividades de la Naturaleza, tanto en su dimensión física, como en su dimensión psíquica, oculta para los sentidos externos y el cerebro, pero perceptible y experimentable para el sentido mental interno, asociado igualmente al cerebro.

De acuerdo a la la Sabiduría de los Misterios universales, es en esa manifestación dimensional del Espacio que tradicionalmente se conoce como Plano mental, en donde se produce la misteriosa conexión, y también la separación, entre lo natural y lo sobrenatural. Al calificar esa conexión de misteriosa no se pretende aludir banalmente a su hipotético carácter enigmático o incognoscible para la razón, sino que tan sólo a través de la experiencia de pedagogía integral impartida por una Escuela de Misterios, es posible desvelar la exacta naturaleza de tal conexión.

El yo consciente, un ente adimensional perteneciente a la familia de res cogitans enunciada por Descartes, sólo puede relacionarse con el cuerpo humano, un tipo de res extensa u objeto dimensional, mediante el aspecto más elevado de ese cuerpo, la mente, o cuerpo mental. Y esto es posible porque la sustancia propia de ese aspecto corporal, la sustancia mental, está en sintonía con la cualidad del yo consciente. La cualidad de la sustancia mental es la yoidad o conciencia difusa. Sólo mediante ese tipo de sustancia es posible la relación directa entre la conciencia y el cuerpo.

La sustancia mental, llamada chitta en los sistemas fisosóficos y psicológicos de la India clásica, tiene la propiedad de ser reflectora y portadora de la luz.

Su cualidad reflectora convierte a la mente en algo parecido a un espejo capaz de reflejar los objetos colocados delante de él. La mente, merced a la cualidad reflectante de su sustancia, puede reflejar todos los objetos presentes en el séxtuple campo sensorial asociado a todo ser humano.

Ese séxtuple campo sensorial se descompone en el quíntuple campo presente en el espacio exterior, al que tenemos acceso mediante los cinco sentidos externos, más el campo interno o subjetivo, al que tenemos acceso mediante el correspondiente sexto sentido interno psíquico o mental.

Monumento al Ángel caído Parque del Retiro de Madrid

Además, la sustancia mental tiene una cualidad luciférica, o portadora de luz, pues ése es el sentido del término latino luci-feros, equivalente al griego fos-foros. Desde una saludable perspectiva filosófica, la cualidad luciférica de la sustancia mental es la que hace posible que existamos como seres humanos, dotados de la cualidad de pensar y razonar.

La conciencia pura o conciencia perfecta e íntegra, se localiza en la región más elevada del Plano de la mente, tradicionalmente conocida como de la mente abstracta. Ese punto de observación consciente se refleja en la sustancia mental, portadora de la Luz de la conciencia, en la forma de conciencia mentalmente condicionada.

Todos los seres humanos somos, desde un elevado punto de vista filosófico, ángeles caídos, capaces de levantarse y retornar a su fuente última de procedencia. 

Teniendo en cuenta la equivalencia entre los términos almaconciencia, podemos llamar a la conciencia pura alma influyente, y a la conciencia reflejada en la sustancia mental, y limitada por ella, alma encarnada

Es la conciencia mentalmente condicionada, el alma encarnada, la que está asociada al sistema sensorial mente-cerebro-sentidos, y la que se encuentra en peligro de quedar enajenada en los contenidos de su vida mental. La misión asignada al alma influyente es impedir esa enajenación, haciendo que su reflejo encarnado en la triple sustancia mental-emocional y física, despierte a su fuente de origen, a ella misma.

Expresión hebrea de "Rollo del Cantar de los Cantares" "Meguilat Shir Ha-Shirim"

La relación entre el alma influyente y el alma encarnada está maravillosamente descrita en el Cantar de los Cantares (5, 2) en las siguientes palabras:

Yo dormía, pero mi corazón velaba

A toda conciencia que duerme le corresponde una conciencia despierta, conciencia búdica, por lo tanto, pues ése es el significado de la voz sánscrita Buddha.

Las palabras anteriores, pronunciadas ahora desde el punto de vista de la conciencia búdica, se pueden volver a escribir de la siguiente manera:

Yo estoy despierto, pero mi sombra duerme

El objetivo de toda existencia humana es hacer posible el despertar de la sombra que duerme, y su identificación con el punto de Luz del que partió, y al que finalmente ha de retornar.

5 Postulados

Postulado 1

Postulado 2

Postulado 4

Postulado 5

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

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04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

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15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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