La voz del alma

18

El campo crítico de energía consciente

 

Un diálogo bíblico

 

En Física nuclear se maneja el concepto de masa crítica, la cantidad mínima de materia fisionable que se necesita para que pueda tener lugar una reacción en cadena. Este concepto refleja un arquetipo universal, que puede generalizarse del siguiente modo:

     Se necesita una acumulación mínima de energía para que determinados procesos puedan ser activados

     Este arquetipo se expresa igualmente en la noción de "umbral" en relación a la experiencia sensorial. Para cada órgano sensorial existe un "umbral de estimulación", el estímulo mínimo capaz de provocar el fenómeno subjetivo de la sensación.

     Como ocurre con todos los arquetipos, este al que nos estamos refiriendo puede hacerse presente  en los ámbitos más insospechados, sobre todo para la mente analítica y concreta, diferenciadora y clasificadora, cuya tendencia unilateral es producir ese estado en que adquiere vigencia la expresión de que la mente es la matadora de lo real.

     Como ilustración de esto último podemos dirigir nuestra atención a un episodio narrado en el libro del Génesis (18, 20-32), de naturaleza muy sugestiva y elocuente para la sensibilidad educada en la lectura de los símbolos y las alegorías. El relato en cuestión es el que nos narra la conversación que tiene lugar entre Abraham y un ángel en relación a la planificada destrucción de Sodoma y Gomorra. En esta conversación, Abraham se interesa por las posibles fórmulas de salvación para ambas ciudades, y muy particularmente por el número de justos que sería suficiente para detener la cólera del Altísimo, y eludir así su destrucción. Después de rebajarlo sucesivas veces, ese número queda finalmente establecido en diez.

     En este relato, que puede ser simultáneamente legendario y alegórico, y  rigurosamente histórico, pues tal es la virtud de las llamadas Escrituras sagradas, encontramos una versión muy interesante del arquetipo de la masa crítica y del umbral. La existencia de un número suficiente de hombres justos puede modificar el curso de la Historia, y reconducirla hacia metas que permanecerían ocultas si esas condiciones iniciales no se dieran. En el universo de la energía consciente existe una masa crítica particular, una acumulación mínima de energía, proveniente de seres considerados justos, que es capaz de abrir nuevas rutas a los acontecimientos históricos, de conjurar el peligro de una catástrofe o destrucción, de restablecer la seguridad, la confianza y la continuidad en la evolución de la vida y la conciencia.

 

La renovación de las formas es necesaria

 

Pero vayamos más allá, y penetremos en la vida interna de los símbolos. Hemos visto que para la visión trascendente y penetrante del alma, que distingue entre la vida consciente, las envolturas que la expresan, y el grado relativo alcanzado en esa expresión, la destrucción de la forma dista mucho de ser la mayor desgracia que puede sobrevenirle al ser humano, o a una determinada civilización y cultura.

     Por el contrario, tal destrucción y renovación periódica del mundo de las formas es una condición necesaria para el avance, el crecimiento y la evolución de la vida consciente, aunque en sana lógica de aquí no se sigue que la destrucción de la forma sea un hecho en sí mismo bueno y deseable en cualquier circunstancia. Admitir el carácter benéfico y liberador de la muerte no puede ser jamás un argumento a favor del suicidio, pues las formas existen para cumplir un objetivo, cuyo cumplimiento es obstaculizado y postergado si esa forma desaparece prematuramente.

     El mayor infortunio que puede sobrevenirle al ser humano, individual y colectivamente, es la destrucción de las vías naturales que le permiten reconocer su raíz sobrenatural, su esencial naturaleza trascendente e inmortal, y su elevado destino de ser cooperador en la Obra de la Creación como ser libre, dotado de poder, amor e inteligencia.

     Este infortunio sobreviene cuando los valores de la vida espiritual son suplantados por sucedáneos que pueden llegar a asegurar unos niveles mínimos de bienestar material y psíquico, al precio, inmensamente excesivo, de poner una barrera infranqueable al desarrollo de la conciencia en libertad. Al precio de vivir en una cárcel de muros y barrotes de oro, y contentarse con las sombras que aparecen en la pared de la caverna, defendiendo las cadenas que nos retienen en ella, en la creencia de que son la garantía de nuestra estabilidad, seguridad y supervivencia.

     La destrucción de Sodoma y Gomorra puede ser interpretada como un acontecimiento benéfico, o como un mal menor del que finalmente es extraído un bien mayor, siempre que admitamos que es imposible quebrantar la continuidad en la evolución de la vida, aunque sí detenerla temporalmente en lo que hace referencia a su expresión más objetiva y concreta, la forma o el vehículo de expresión. En cualquier caso, siempre existe una simiente que garantiza esa continuidad, recogiendo en sí misma los frutos obtenidos en el anterior, y aparentemente fracasado, ciclo de manifestación. Tal es el papel asignado en la narración bíblica a Lot y su familia.

 

Testimonio de gratitud para con los justos que nos han precedido

 

Situémonos ahora en el supuesto de que la atmósfera social  de las dos ciudades destruidas por el fuego proveniente del cielo, hubiera sido de la calidad suficiente como para permitir que en su seno hubieran podido aparecer los diez justos salvadores.

     ¿Es un vuelo excesivo de la imaginación pensar que si esas condiciones se hubieran dado, nuestra historia actual sería muy diferente de como la conocemos? ¿No podría ocurrir que nuestras dificultades actuales proviniesen, en una medida tal vez mínima pero no insignificante, del fracaso histórico de todas las Sodomas y Gomorras que ha habido a lo largo de la Historia, en lograr que diez justos pudieran aparecer y vivir en ellas?

     Imaginemos qué sería de nuestro mundo y qué tipo de cultura y civilización tendríamos si ese fracaso remoto hubiera sido más recalcitrante, y se hubiera apoderado de nuestra Historia como una maligna infección o una enfermedad crónica, de modo que la India del siglo VI antes de Cristo no hubiera permitido la aparición de Sidharta Gautama, el Buda. O el mundo griego más o menos contemporáneo hubiera hecho imposible la aparición de Pitágoras, Sócrates o Platón. O la sociedad china hubiera sido incapaz de producir un Confucio o Lao Tzu, la persa un Zaratustra, o la antigua cultura mesoamericana un Quetzalcoatl.

     ¿Cuál sería nuestro presente si Jesús de Nazaret no hubiera podido caminar por tierras de Galilea, Samaria y Judea, anunciando la buena nueva del Reino de los cielos, y de su indestructible presencia en el santuario del ser humano, en su alma? ¿Cómo sería nuestro mundo si la Humanidad hubiera fracasado en producir figuras como Hipatia, Nagarjuna, Sankara, Leonardo da Vinci, Shakespeare, Cervantes, Newton, Galileo, Beethoven, Goethe, Einstein o Martin Luther King, por citar tan sólo unos pocos de una posible larga lista?

     Todos ellos, en muy diferentes grados de intensidad, fueron capaces de expresar, en algún aspecto de la actividad humana, la condición de hombres justos, hombres que enriquecieron la historia con su vida y su obra, legando eternamente ese patrimonio a toda la posteridad. Seres humanos que, cada uno a su manera, expresaron la divinidad inherente a la esencia de la naturaleza humana, y nos evitaron nunca sabremos qué cantidad de sufrimiento, miseria y oscuridad, aunque ese hecho parezca irrelevante ante el sufrimiento, la miseria y la oscuridad que aun padecemos, a causa tal vez de nuestra incapacidad para producir más hombres y mujeres justos.

 

¿Cuántos justos necesitamos?

 

Todo paso dado hacia adelante por el conocimiento, en cualquier terreno, es una expresión genuinamente espiritual, porque proviene en última instancia del espíritu humano y de su mensajero, el alma. El espíritu es siempre infinitamente más grande que cualquier estrecha y dogmática concepción de lo espiritual. El desequilibrio entre el desarrollo científico y tecnológico por un lado, y el avance moral y ético de nuestra sociedad por otro, no debe llevarnos a renegar o recelar del primero, sino a multiplicar nuestros esfuerzos para llevar al segundo a un grado de desarrollo equiparable con el anterior.

     Para adquirir la condición de justo no es preciso ser una figura descollante,  genial o excepcional como las que han sido mencionadas. Ellas dan testimonio de la gloria oculta en la naturaleza humana. Pero esa misma gloria puede empezar también a ser irradiada por cualquier hombre o mujer que haya experimentado la conversión interior que lleva de la conciencia personal, separada y separatista, a la conciencia transpersonal unificada y unificadora. Estos hombres y mujeres son seres humanos que están recorriendo el camino que conduce al bíblico hombre justo, capaz de salvar del sufrimiento y la destrucción a los grupos humanos de los que forma parte, no por la preservación material de las formas, sino por la apertura de nuevos y más transitables caminos hacia el conocimiento, la fraternidad y la libertad.

     La pregunta que podríamos hacernos ahora sería ¿Cuál es la masa crítica de hombres y mujeres justos que necesitamos para salvarnos colectivamente de la peor destrucción y catástrofe posible, la que se deriva de la esclavitud de las conciencias, de la perversión y sustitución de los valores que liberan y hermanan, por los que prolongan el enfrentamiento y la ignorancia?

     Admitamos que, sea cual sea ese número y la intensidad mínima de su irradiación, existe esa masa crítica de seres humanos pensantes que han puesto sus pies de forma irreversible en el sendero que conduce a la plena expresión del hombre justo, a la plena expresión del alma y su inherente vida de servicio.

     Esta masa crítica no existe por simple acumulación o suma aritmética de unidades humanas, sino que adquiere real y activa existencia cuando esas unidades pensantes toman conciencia de sus capacidades transformadoras del medio en el que viven. Cuando consiguen entrar en relación mutua de una u otra forma, verificar que forman parte de un grupo de servidores inmerso en la gran familia humana, y que sus vidas configuran un inmenso esfuerzo colectivo para reconducir la Historia hacia una expresión de la vida en común a la altura de la dignidad del ser humano.

     La masa crítica de la que estamos hablando es una masa crítica de conciencia colectiva, por lo que sería más adecuado hablar de un campo de energía consciente incluido en la Psicosfera, y capaz de actuar en ella como un catalizador que orientara la vida humana hacia la convivencia plural y enriquecedora.

     Para incorporarnos a esta conciencia grupal salvadora y sanadora, no necesitamos demostrar genialidad, capacidad de influencia o peso específico social. Basta llevar a cabo esa reorientación de la vida personal hacia la vida impersonal, la vida del alma. Basta sabernos y conocernos como servidores, delimitar la esfera inmediata de nuestro servicio, reconocer el trabajo a realizar, y ponernos manos a la obra. Basta incluso asumir honestamente nuestro destino final como servidores, aunque aun no sepamos el cómo, el cuándo y el dónde. Basta poner en marcha la intención, activar el móvil, levantarse en la tierra del exilio y emprender el camino de retorno.

 

Ningún alma está sola en el servicio al Plan

 

La construcción de la conciencia grupal crítica es posible, y además inevitable, porque el alma posee como atributo propio la conciencia de grupo, la octava superior de la conciencia de rebaño, y la continuación progresiva de la conciencia individualista, diferente de la conciencia individual o no dividida. El alma sabe que es una célula viva en un organismo vivo, dentro de la Vida Una. La siguiente declaración no da testimonio de ninguna desmesura o exceso lírico, sino que es la exacta descripción de la Realidad en la que vivimos:

Tú eres como una gota de agua en el océano, pero si esa gota faltara, el océano tendría infinita sed de ti

     Las almas encarnadas y manifestadas están parcialmente veladas y oscurecidas por su triple mecanismo de expresión mental-emocional-físico. Por otra parte, el Plan de salvación y liberación no puede ser llevado a cabo por las almas desde arriba, sino por sus manifestaciones personales trabajando creadoramente desde abajo. Y esto sólo empieza  a ser posible cuando lo que está arriba, el Reino de los cielos, el mundo de los arquetipos vivientes y creadores, entra en comunicación con lo que está abajo, el mundo del devenir y de las formas cambiantes.

     Las almas encarnadas y en manifestación no están nunca solas o aisladas entre sí, pues todas forman parte de un organismo vivo. En el mundo de las relaciones interpersonales, uno más uno es mucho más que dos, por lo que la conciencia de estar trabajando en un gran esfuerzo colectivo intensifica extraordinariamente las capacidades individuales para servir con más eficacia y amplitud. Por esta razón, cuando la conciencia de pertenecer a este esfuerzo colectivo de servicio mundial supere su umbral crítico, la tendencia de los acontecimientos históricos hacia la libertad y la belleza que oculta la vida humana crecerá en progresión geométrica, mientras que la tendencia antagónica hacia la prolongación de la ignorancia, la esclavitud y la injusticia, disminuirá en el mismo grado de intensidad.

     El desenlace de este doble movimiento en sentidos opuestos es el triunfo final e irreversible de la inteligente y activa buena voluntad humana, merced a la reacción en cadena liberada por el campo crítico de energía consciente construido por los hombres y mujeres de buena voluntad de la Tierra.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

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04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

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15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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