La voz del alma

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La benéfica cualidad obstructora de la materia

 

La materia colabora con el espíritu ofreciéndole resistencia

 

En el origen y naturaleza de lo que llamamos el mal, late oculto un gran misterio. Sin embargo, no debemos interpretar lo misterioso como lo absolutamente incomprensible e incognoscible. Para designar al núcleo del misterio se utilizan a veces expresiones como las tinieblas, imagen que también puede ser utilizada para designar a lo que se considera maligno, o contrario a lo espiritual. Pero cuando las tinieblas se mencionan asociadas a lo misterioso, se asume que son, en realidad, LUZ de tal intensidad que no puede ser registrada como tal, salvo para el ojo del iniciado de más alto grado, para la conciencia asociada al alma, la conciencia pura y perfecta. Siguiendo con ese lenguaje simbólico, podemos decir también que la oscuridad radical del misterio arroja una "sombra luminosa", capaz de ser registrada por el ojo espiritual en proceso de abrirse y despertar.

     Podemos encarar inteligentemente la cuestión del mal si distinguimos entre la benéfica cualidad obstructora que tienen las tres formas de sustancia-energía que integran la personalidad humana, y los distintos modos de relación que la conciencia establece con ellas.

     Empecemos por un sencillo ejemplo que pertenece a la experiencia personal de todos. El acto sencillo y cotidiano de caminar es posible por la resistencia ofrecida por el suelo al avance de los pies que sobre él se apoyan. Y, al contrario, todo movimiento sería imposible para alguien que estuviera en reposo sobre una superficie matemáticamente lisa y plana, que no ofreciera ninguna resistencia ni obstáculo a quien tratara de caminar sobre ella.

     Análogamente, gracias a la resistencia de la materia, el espíritu puede avanzar y manifestarse. Lo material está caracterizado por la cualidad de la inercia, la resistencia que los cuerpos presentan a modificar su estado de reposo o movimiento.

     En la lengua hebrea, la cualidad de la resistencia, y la oposición a algo que trata de vencer esa resistencia, se designa con la palabra Satán. Por consiguiente, desde un punto de vista científico y filosófico a la vez, lo "satánico" no es lo intrínsecamente malvado, sino la cualidad opositora y resistente que está presente en la materia, sin la cual el espíritu no puede progresar y avanzar. La figura mítica de Satán hay que interpretarla como el Adversario, y no como la personificación absoluta del mal, porque tal cosa no existe. Las cualidades que están latentes en el espíritu sólo pueden ser exteriorizadas cuando éste encuentra un adecuado adversario con el que medirse, con el que combatir, y al que vencer en buena lid.

     A la relación establecida entre la vida espiritualy la vida material la llamamos conciencia. Según sea el grado de contacto entre las dos expresiones de la vida universal, así será la correspondiente manifestación de la conciencia y del psiquismo. Los llamados Reino mineral, vegetal y animal, son tres grados sucesivos y crecientes en la realización de esta aproximación y contacto final entre ambas expresiones de la vida.

     El paso del Reino animal al Reino humano, conocido en la Tradición de los misterios como Individualización, ocurre cuando en el plano de la mente tiene lugar algo similar a un fenómeno eléctrico, de resultas del cual la conciencia, latente en el polo espiritual del ser humano, hace su aparición a través de un cuerpo o forma adecuado, latente a su vez en su polo material. El íntimo contacto entre ambos polos, el positivo y el negativo, ha hecho posible tal acontecimiento, con el cual se inicia la historia personal del alma humana.

 

El espíritu se conoce a sí mismo a través de la materia

 

El yo humano germinal, que hace su aparición en el momento de la Individualización, se identifica primero con sus formas de expresión, y es sabio que sea así, pues lo sutil sólo puede conocerse y experimentarse a sí mismo realizando plenamente el contacto con lo denso.

     La conciencia se hace primeramente consciente de lo corporal y lo físico, para ampliar después su esfera de contactos a lo sensible, lo emocional, lo afectivo, lo racional, y lo especulativo y abstracto. En cada uno de estos pasos hay una experiencia consciente de la cualidad obstructora de la materia, en las transiciones entre los estados de conciencia que podemos llamar físico, emocional e intelectual.

     Las distintas cualidades del espectro psicológico nos proporcionan la vivencia de los contrastes internos entre lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser. Se trata de un verdadero avance de la conciencia en el espacio del psiquismo, análogo al avance en el espacio físico provocado por la reacción del suelo al contacto de los pies.

     De la misma forma que una resistencia excesiva paralizaría el avance, hay resistencias psicológicas al cambio y al movimiento interior que pueden detener el avance de la conciencia. Pero la percepción consciente y desapegada de estos obstáculos y su causa, nos sitúan en la posición adecuada para superarlos, y avanzar en el proceso del autoconocimiento. La cualidad inercial y opositora que radica en la "materia psíquica", su cualidad literalmente "satánica", es un factor benéfico y estimulante para el impulso de conocer y conocerse que radica en el ser humano.

     El temor, el miedo o la inseguridad, son reacciones negativas de una emotividad inhibida o desigualmente expresada. La fanática adhesión a una idea o ideología, o a cualquier normativa social, moral o religiosa, indican una condición mental igualmente inhibida o exacerbada. A su vez, lo mental y lo emocional interactúan entre sí de múltiples maneras. Una emotividad desordenada impide una clara captación racional de los hechos externos y de nuestra relación con ellos. Una mente excesivamente autocentrada y analítica, cohíbe la saludable expresión de la vida emocional. Ambos casos de relación inarmónica en el mundo psíquico determinan análogas configuraciones corporales, las cuales expresan a su vez esa desarmonía.     

 

La vacuidad de la conciencia pertenece al no-yo

 

La conciencia humana está continuamente generando formas emocionales y mentales, y más frecuentemente formas mixtas de naturaleza emocional-mental. Todas ellas responden a algún propósito que puede ser relativa y temporalmente útil dentro del esquema de desarrollo global de la conciencia. Pero toda forma creada es también una forma destinada para la muerte, por lo que cualquiera de las formas antes mencionadas tiene su propio ciclo de existencia.

     Sin embargo, la experiencia diaria nos demuestra que en el espacio subjetivo y privado de los seres humanos persisten múltiples formas de todo tipo. Formas que durante algún tiempo fueron útiles y positivas, pero que han prolongado indebidamente su ciclo de vida, y se han convertido en estructuras que retienen una parte de la energía vital de su creador. La persistencia en la vida adulta de actitudes psicológicas que son normales durante la infancia o la adolescencia, perturba y compromete el desarrollo del verdadero estado adulto humano.

     La prolongación del ciclo vital de las distintas formas mentales creadas por el ser humano, sólo es posible porque, en última instancia, la conciencia es siempre la expresión del alma, la cual es a su vez la expresión del espíritu vivo y dador de vida. La conciencia siempre está conectada con las fuentes de la vida, y por ello es conciencia creadora. Esto no significa que pueda crear algo de la nada, sino que puede actuar sobre la sustancia-energía presente en sus vehículos de expresión, y construir con esa sustancia vitalizada formas de pensamiento o de deseo con las cuales se identifica ilusoriamente.

     El Budismo ha puesto de manifiesto la gran verdad de que no hay yo ni conciencia en el siempre cambiante y decepcionante mundo natural, que en los escritos filosóficos de la India de cualquier tradición y escuela se denomina Samsara, palabra sánscrita que significa caminar errático, y con la que se designa a la Rueda de los renacimientos sucesivos en la que toda historia personal está atrapada, antes de que el alma se haga presente en ella para borrarla o extinguirla. Conviene tener presente que el término nirvana significa precisamente extinción.

     El ser humano espiritualmente dormido, o en estado de somnolencia espiritual, cada vez que dice yo pienso o yo siento, está diciendo implícitamente:

 Mi yo personal es uno con este pensamiento y este sentimiento

     Pero tales pensamientos y sentimientos sólo son creaciones de ese yo personal. Si fuera el alma, la conciencia pura y perfecta, la que dijera yo pienso o yo siente, estaría diciendo algo bien diferente:

     Yo pienso y siento como una unidad participante en los procesos universales del pensamiento creador, y del sentimiento que no conoce separación entre los seres, y está unido a las fuentes de la vida.

     Existe una gran diferencia entre el sentimiento iluminado de participar conscientemente en la unidad del Todo, y la oscura identificación del yo con las formas cambiantes de los pensamientos y sentimientos no iluminados. En un caso tenemos la participación en lo universal y permanente, y en el otro la identificación con lo particular y efímero, que siempre es fuente de sufrimiento y angustia.

     Entre ambos estados de conciencia hay un camino interior que los conecta, y un viajero que puede recorrerlo hasta el final. Este viaje es un viaje sagrado, una verdadera peregrinación desde la conciencia personal a la conciencia transpersonal, de la periferia al centro, del exilio y la separación a la casa universal y a la plena familiaridad con todo lo existente.

 

La atención es fuente de energía consciente

 

La conciencia ejerce su función de ser fuente de vida para sus creaciones mediante el mecanismo de la atención, o de ser intencionalmente consciente de algo. Atender a una idea, a un estado anímico, o a una situación social cualquiera, es lo mismo que proyectar energía viva y dadora de vida a lo que está siendo objeto de atención. La atención es el mecanismo de proyección y dirección de la energía consciente, que vitaliza y energiza lo que cae dentro de su esfera de influencia. Su cualidad es similar a la de la luz solar, que da vida y energía a todas las formas vivientes que son bañadas por ella, sin discriminar su naturaleza y condición. Las buenas y malas hierbas crecen conjuntamente merced a la misma energía, al mismo suelo y a los mismos nutrientes.

     Pensamientos y sentimientos de toda índole son vitalizados por la atención, pero también pueden ser desvitalizados, hasta su muerte y extinción total, cuando esta se retira. Del mismo modo que la atención, o la percepción conscientemente dirigida, es dadora de vida, puede ser también dadora de muerte para sus creaciones. Cuando dejamos de prestar atención a un objeto para enfocarla en otro, lo que hacemos es recuperar la energía psíquica que habíamos invertido en "formular", lo que literalmente significa crear formas, pensamientos o sentimientos en relación a ese objeto.

     Al desviar la atención de un objeto a otro, estamos retirando la energía del primero, y enfocándola en el segundo. Al dejar de atender a un pensamiento o forma mental, esa forma desaparece inexorablemente al faltarle el principio vital e integrador. Pero la energía que le dio vida, la energía atencional, más los "átomos de sustancia psíquica" que integraron la forma durante su ciclo de existencia, no desaparecen, pues ambos son inmortales.

     La energía atencional vuelve a su fuente de emanación, la conciencia creadora, mientras que los aludidos átomos de sustancia psíquica, sensibles a la acción de la conciencia mediante la emisión del sonido creador de formas mentales o pensamientos, retornan al campo de fuerza particular, mental o emocional, del que la conciencia las extrajo para construir la correspondiente forma.

 

La atención del alma crea a la personalidad

 

La personalidad existe porque el alma enfoca su atención en el mundo natural, y decide proyectar una parte de sí misma en él, para continuar así su gran tarea de unir en la conciencia, sin interrupción ni discontinuidad, lo espiritual y lo material, lo sobrenatural y lo natural.

     Durante un ciclo de múltiples existencias y vidas personales, ese aspecto de la energía del alma que ha descendido a la manifestación, no dirige su atención hacia su fuente de procedencia, sino que se identifica erróneamente con las distintas formas por ella creadas, dando lugar a un velo de ilusión y espejismo que le impide percibir la Realidad tal cual es, en su común y trascendente raíz subjetiva y objetiva.

     La Realidad objetiva trascendente se fundamenta en la infinita continuidad del espectro de la energía universal. Tal espectro es indisociable del Misterio de la multidimensionalidad del Espacio, así como del sistema sensorial implícito en todas sus manifestaciones dimensionales, a las que la literatura esotérica tradicional denomina Planos. El Espacio está en permanente estado de observación impersonal de todo lo que ocurre en su Seno. A su vez, la Realidad subjetiva trascendente tiene su fundamento propio en la participación de cada unidad o átomo de conciencia en la Conciencia Universal, absolutamente impersonal, y misteriosamente asociada a la omnipresencia de la energía universal, consubstancial con la trama básica del Espacio y al sistema sensorial en ella implícito.

     Ambas Realidades son la misma Realidad, expresada en la dualidad inherente a la Creación y la Manifestación conocida como espíritu-materia, que da lugar a otra dualidad subordinada, conciencia-forma. Esta dualidad la podemos expresar más extensamente de la siguiente manera:

     La subjetividad consciente percibe y experimenta la objetividad formal e inconsciente merced al sistema sensorial que está presenta en la forma objetiva con la que está asociada.

 

La condición anfibia del alma

 

Cuando se agota el ciclo en el cual la conciencia se identifica con las formas  mentales por ella creadas, se inicia otro en el que la atención del alma personificada empieza a dirigirse también a su fuente de emanación, descubriendo el mundo de valores superiores que ella representa. Así se crea un nuevo polo de atención para la vida personal. Ambos polos se relacionan al principio de manera antagónica, pues tienen estrategias diferentes y opuestas. La conciencia que está ilusoriamente identificada con sus formas mentales, se siente amenazada en su supervivencia y razón de ser por la otra modalidad de ser consciente que empieza a hacerse presente, la correcta identificación con la fuente de la conciencia personal, el alma.

     Esta relación antagónica inicial se va modificando progresivamente en relación de cooperación, cuando la conciencia personal experimenta repetidas veces el carácter ilusorio e insatisfactorio de sus creaciones egocéntricas, y sus proyectos vitales autocentrados. Esto no sería posible sin la presencia, silenciosa pero siempre elocuente, del alma influyente. Esa permanente presencia del alma es la que permite establecer nuevas alternativas de vida y nuevos proyectos, alineados con el proyecto de liberación y de servicio al Plan a los que ella está consagrada.

     La nueva forma de vida así iniciada culmina cuando se borra toda separación consciente entre el alma y su máscara consciente, la personalidad. Cualquier forma de separación y división en la conciencia es siempre una ilusión, pues la conciencia es un "átomo" en su sentido literal: un ente no dividido ni divisible. Y esa realidad ilusoria es la consecuencia de la percepción limitada que el alma encarnada tiene de su fuente, el alma influyente.

     El alma encarnada está simbólicamente sumergida en las aguas de la triple materia mental, emocional y física, que constituye el mundo natural. Esta situación la impide inicialmente tener una clara percepción del alma-sol, la conciencia-luz, que tiene su morada por encima de las aguas, pero que continuamente está enviando su radiación luminosa e iluminadora a su reflejo encarnado.

     Finalmente, y a medida que la acción influyente del alma progresa, las aguas de la materia se aquietan y purifican, y se van volviendo transparentes y conductoras para la radiación del alma. El alma sumergida puede entonces percibir con toda nitidez lo que hay a su alrededor, y también lo que existe por encima de ella. Los dos aspectos del alma una se unifican, y cesa definitivamente la separación. La verdadera condición anfibia del alma-pez y del alma-ave se puede manifestar. Lo que está arriba ha sido unido con lo que está abajo.

 

La desatención del alma mata a la personalidad

 

La personalidad, la máscara del alma, muere porque esta retira su atención de ella, y da por terminado ese experimento particular en el mundo natural. Retira el hilo de la vida del corazón, y el hilo de la conciencia del cerebro. Los tres campos de fuerza que fueron la mente personal, la sensibilidad emocional, y la estructura físico-vital, se desintegran y desaparecen.

     Estas tres formas de pensamiento creadas por el alma, mueren al faltarles el aliento vital que les daba coherencia y vida unificada. La energía consciente del alma permanece, enriquecida con la experiencia tenida a través de esas formas. Las fuerzas elementales que fueron las componentes de los vehículos de contacto, relación y expresión utilizados, permanecen también, y retornan al Ecosistema integral que es el mundo natural, su propia fuente de procedencia. Esas unidades de fuerza elemental quedan también enriquecidas o empobrecidas por el contacto tenido con una entidad perteneciente al mundo sobrenatural. Por el contacto con la calidad de su vida, en el sentido más íntegro y auténtico de esa expresión. Esa entidad es una unidad pensante y sensible, capaz de expresarse mediante un cuerpo físico. Un ser humano.

     El secreto de la vida inofensiva está precisamente en la capacidad que tiene la conciencia de practicar la atención des-identificada, o lo que es lo mismo, la capacidad de observar sin vitalizar ni nutrir lo que está siendo observado. Esta práctica es la que permite desvitalizar y matar cualquier pensamiento o sentimiento que no esté a la altura del alma.

 

 Un experimento para todos los aspirantes a la inofensividad

 

Quien aun considere que el término inofensividad expresa alguna forma básica de debilidad de carácter, queda invitado a realizar el siguiente experimento, presentado en cinco etapas sucesivas:

1. Prestar atención, durante un solo día, a todos los pensamientos y sentimientos que vayan aflorando a su conciencia

2. Identificar aquellos que sean incompatibles con la cualidad del alma

3. Reconocer que esos sentimientos y pensamientos nacen de la limitación humana, la nuestra y la de los demás

4. Observarlos mediante la práctica de la atención des-identificada

5. Abstenerse de decir o hacer nada que sea medio de expresión de los mismos

     Esto es inofensividad. No existe técnica más poderosa para cambiar de manera efectiva el mundo interno y externo, y en la que nos podamos entrenar además durante las veinticuatro horas del día.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

...
15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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