La voz del alma

13

Las almas y la Ecología integral

 

El ser humano está en la Naturaleza

 

La misión fundamental de la jerarquía de vidas humanas a la que pertenecemos es establecer un eslabón consciente entre dos órdenes de Realidad, los mundos sobrenatural y natural, siendo el primero el mundo arquetípico y creador, y el segundo el mundo formal y objetivo, en constante proceso de ser creado y recreado, hasta alcanzar la condición que le permita participar de las mismas cualidades vitales que están presentes en el mundo superior.

     Si aceptamos este postulado inicial, resulta que la responsabilidad del género humano para con el mundo natural y las distintas formas de vida que en él tienen su morada, es mucho mayor de lo que generalmente estaríamos dispuestos a admitir. La conciencia superior incluye siempre a la inferior. Esto es cierto en relación a la trinidad humana, en la que el espíritu incluye al alma, su directa manifestación, así como el alma incluye a toda la cadena de personalidades que desembocarán en la personalidad transfigurada, su propia y directa manifestación.

     Una análoga relación de inclusión se da entre la vida humana en su conjunto y las vidas animal, vegetal y mineral. El psiquismo humano incluye a las formas de psiquismo propias de lo animal, vegetal y mineral. Dicho de otra forma mucho más evidente, la vida humana interacciona con las vidas animal, vegetal y mineral, de forma tal que esa interacción tiende a crear condiciones y circunstancias nuevas para cada una de esas formas de vida. La acción del hombre provoca cambios en el paisaje, en los diferentes ecosistemas naturales, en las condiciones de vida de numerosas especies animales y vegetales, y hasta en sus mismas posibilidades de supervivencia.

     En el consciente colectivo de la Humanidad está cada vez más presente el hecho de que la interacción del hombre con la Naturaleza se realiza en gran medida como interferencia destructiva y agresiva, poniendo en peligro no sólo el normal desenvolvimiento de la vida no humana, sino nuestra propia supervivencia como una especie más que comparte con otras especies el mismo planeta.

     Partamos del hecho evidente de que, desde la existencia de la especie humana sobre la Tierra, ésta siempre ha interaccionado con su medio externo. Se ha erigido en especie depredadora de otras especies, y ha interferido en los distintos sistemas naturales con sus prácticas agrícolas, ganaderas, y artesanales. El advenimiento de la era industrial a gran escala no ha hecho sino acrecentar y amplificar una tendencia básica, presente no sólo en la vida humana, sino en toda forma de vida, la interacción con el medio que conduce a una influencia recíproca.

     Un sensato planteamiento de las cuestiones ecológicas llevaría a la pregunta ¿cómo podemos interaccionar adecuadamente con el medio natural? más bien que a esta otra ¿cómo podemos dejar de interferir con la Naturaleza?

     Una concepción ingenua de la Naturaleza y de lo natural podría hacernos creer que le es posible al ser humano vivir de tal manera que su vida social y colectiva no interfiriera en absoluto con el medio natural, y estuviera tan integrada en él que los procesos naturales que se dan en ausencia de lo humano, se siguieran dando exactamente igual en su presencia. El ser humano está en la Naturaleza y forma parte de ella inevitablemente.

 

 El ser humano es un ente sobrenatural

 

El hecho de que el ser humano esté en la Naturaleza no impide la pertenencia de su ser esencial al mundo que hemos llamado sobrenatural, en virtud de una elemental coherencia semántica.

     El ser humano pertenece al mundo natural en un sentido exclusivamente formal. Su triple corporalidad mental-emocional-física está construida con sustancia-energía perteneciente a ese mundo. Pero como vida consciente y creadora, el ser humano es una entidad sobrenatural, capaz de manifestarse y vivir en el mundo natural merced a esa forma expresiva que es su máscara, o "personalidad".

     El ser humano está en el mundo natural con todas sus consecuencias y a todos los efectos, aunque su ser no pertenezca a él. No es posible vivir en la Naturaleza de manera neutra y aséptica, aunque sí es posible que la especie humana descubra progresivamente su función dentro del inmenso flujo de fuerzas y energías que constituyen el dinamismo del Ecosistema natural global y planetario en el que se encuentra, y vaya asumiendo con sabiduría esa responsabilidad.

     Cuando se dice que la Naturaleza imita al Arte, se está expresando implícitamente esa función que le corresponde al género humano como artista del mundo natural. Pero esta formidable actividad creadora sólo podrá ser llevada a cabo adecuadamente cuando el arquetipo o modelo sea percibido por el artista en el mundo sobrenatural con suficiente nitidez.

     Este planteamiento será seguramente dudoso o inaceptable para quienes tienen muy presente la torpe y agresiva acción que lo humano tiene sobre lo no humano, o para quienes nieguen cualquier afirmación de lo sobrenatural y lo trascendente en el sentido en el que aquí se ha hablado. Sin embargo, la vivencia en profundidad de la naturaleza humana confiere esta nueva visión, en la que lo natural y lo sobrenatural aparecen integrados en el dinamismo de la Vida universal y omnipresente. Y en esta visión aparece también el papel que nos corresponde a nosotros como vinculadores y eslabones conscientes entre ambos mundos.

     Retornar a lo natural puede entenderse como un saneamiento integral de muchos de nuestros hábitos sociales y personales, como la forma de alimentarnos, vestirnos o sanarnos. Pero la palabra retorno tiene, como se ha visto, profundas implicaciones, pues retornar supone volver a la fuente de origen, junto con los frutos y cualidades cosechados durante la experiencia tenida en ese largo peregrinaje. El retorno no puede ser nunca un retroceso, ni tampoco una huida hacia adelante.

     Retornar a lo natural, en su lectura más profunda y radical, significa literalmente retornar a lo sobrenatural, donde está nuestro verdadero hogar como almas inmortales. Cuando el retorno a lo sobrenatural ha sido efectuado, el mundo natural se percibe y se comprende en su totalidad por primera vez. La vivencia lúcida de lo sobrenatural descubre la razón de ser de lo natural.

     Recordemos que el mundo natural no está constituido solamente por el mundo físico, sino también por los mundos psíquicos racional y emocional, que lo envuelven como universos paralelos.

 

La misión de la Humanidad es distribuir energía espiritual

 

Desde esta perspectiva puede decirse que la especie humana está llamada a convertirse en un viviente centro distribuidor de energía espiritual dentro del mundo natural. Como consecuencia de esta distribución de energía creadora, las actuales formas de vida animal, vegetal y mineral, experimentarán tan radicales cambios y mutaciones, que quedará justificada la afirmación de que la especie humana es el macrocosmos de las especies subhumanas. Este último enunciado es una aceptable formulación del Plan para la Humanidad, en ese aspecto del mismo que se refiere a las relaciones de la vida humana con las demás formas de vida no humana.

     La acción transformadora de lo humano sobre el mundo natural es inseparable de la acción transformadora que el alma lleva a cabo con su máscara terrenal, la personalidad, pues ambos procesos son paralelos e interdependientes. Además, tal acción no se lleva a cabo únicamente por acción directa con medios y recursos físicos, sino mediante la influencia ejercida a través de los campos de fuerza psico-vitales que rodean al planeta, cuya cualidad vibratoria se modifica en la medida en que los seres humanos modifican sus propios y particulares campos de fuerza, de cualidad análoga a los anteriores. De esta manera las almas humanas, como entes sobrenaturales, se convierten en agentes transformadores del medio natural en el que viven.

     La acción conductora que la evolución humana está llamada a ejercer sobre las evoluciones no humanas, constituye un formidable reto que sólo puede ser afrontado debidamente por los seres humanos capaces de actuar y vivir como almas plenamente conscientes de sí mismas, y sabedoras de su papel de enlace entre lo natural y lo sobrenatural. Mientras esto no ocurra para un número mínimo de unidades de conciencia humana, la acción del hombre sobre la Naturaleza seguirá siendo agresiva, torpe, violenta y obstaculizadora.

 

La Humanidad y su interacción con los Reinos naturales

 

Todas las formas manifestadas son expresiones de vidas conscientes, de origen sobrenatural, que deciden aparecer en el escenario de la vida natural impulsadas por un propósito que ellas conocen, el cual se inserta armoniosamente en el Propósito mayor de una Vida más incluyente, de la que la vida menor extrae su propia energía vital, consciente e inspiradora.

     Esta afirmación, indemostrable con los actuales medios científicos, supone admitir que existe una misteriosa Entidad viviente que anima a la expresión global de cada Reino de la Naturaleza. Es más, la exacta y específica cualidad de lo animal, lo vegetal y lo mineral, únicamente puede ser experimentada y comprendida penetrando conscientemente en la vivencia de esas Entidades que son la fuente de las formas de vida correspondientes, y de su nivel de psiquismo asociado.

     Tal experiencia, aun perteneciendo a un futuro desarrollo de la conciencia humana, fue emprendida de forma inconsciente en el momento en que el primer ser humano fabricó un instrumento de piedra, de madera, de hueso, o de cualquier otro material, natural o artificial. Si observamos el recorrido que ha efectuado la especie humana en sus relaciones con lo mineral, desde las primitivas lascas o puntas de flecha, hasta los más sofisticados instrumentos actuales, no podemos dejar de ver en el mismo la historia de una interacción profunda y creciente entre dos formas de vida, en la que una, la humana, ha utilizado a otra, la mineral, para adaptarla una y otra vez a sus necesidades, sometiéndola a múltiples procesos de transformación, que un mundo natural no humanizado jamás podría haber provocado por sí mismo.

     Si existe tal cosa como el psiquismo mineral, y esta es una hipótesis plenamente admitida en esta reflexión, es indudable que la acción del psiquismo humano sobre el psiquismo mineral ha de tener efectos decisivos y contundentes sobre este último, aunque esta afirmación no nos autoriza en modo alguno a interpretar esos efectos en términos exclusivos del psiquismo humano, el único que estamos empezando verdaderamente a conocer.

     Dando por buena la frase de que el hombre es la medida de todas las cosas, sólo desde la comprensión de la esencia de lo humano, podremos empezar a utilizar con acierto y sabiduría esa expresión. Mientras tanto, la única certeza evidente es que lo humano interacciona con lo no humano, y le impone sus modos propios de organizarse y desarrollarse como viviente especie planetaria.

     Si ampliamos nuestra reflexión a la interacción de lo humano con lo vegetal y lo animal, comprobaríamos igualmente la profundidad y alcance que tiene dicha interacción. Desde las primeras prácticas agrícolas, ganaderas, y de domesticación de diversas especies animales, los seres humanos hemos ido penetrando en el dominio de espacios psíquicos diferentes, introduciendo en ellos líneas de fuerza y centros activos de energía que son inexistentes fuera del contacto con lo humano. De las primitivas talas de árboles y la recolección de granos o frutos silvestres, a las actuales manipulaciones genéticas, hay un camino análogo al que conduce de la punta de flecha a un láser o a un acelerador de partículas.

 

Los campos morfogenéticos

 

Admitiendo la hipótesis de la existencia de un campo de fuerzas organizadoras y estructuradoras de las formas, ya sea esa forma una galaxia, un sistema solar, un planeta, un diamante, una flor, un gato o un ser humano, es razonable admitir la existencia de una interacción psíquica entre las entidades que utilizan esas diferentes formas. Cuanta mayor sea la similitud estructural entre las formas interactuantes, mayor será nuestro grado de comprensión de la naturaleza y efectos de esa interacción.

     La organización social de los delfines, las ballenas o los chimpancés, y sus sistemas de comunicación, nos abren un espacio psíquico más familiar que el correspondiente a la compleja y ritualizada vida de una colmena o un hormiguero. Una Ecología integral nacerá de un replanteamiento en profundidad de la naturaleza de conceptos como vida o energía, para llegar probablemente a establecer una identidad esencial entre ambos.

     Una Ecología tal podría llegar a afirmar que todas las formas existentes, incluidas las formas minerales y el planeta como su mayor expresión, están bañadas en un campo de fuerzas morfogenéticas,  o generadoras de la forma. Un campo cuya cualidad y función esencial sería la de crear, organizar y estructurar la forma utilizada por una vida para expresarse. Esa nueva Ecología afirmaría también que en torno a las formas animales y vegetales se condensan e individualizan otros campos de fuerza de naturaleza psíquica, siendo el grado de organización y complejidad de esos campos proporcional a la complejidad estructural de las formas implicadas.

     Las cualidades exhibidas por las diferentes especies dependen de las cualidades presentes en sus respectivos campos de fuerza asociados, los cuales son mantenidos en cohesión merced a la vivencia de ciertas entidades, que no serían meras mentes-grupo sino verdaderas Vidas conscientes, cumpliendo su misterioso propósito a través de la totalidad de una especie animal o vegetal. En forma análoga, el alma humana cumple su propósito a través de la cadena de personalidades que constituyen su "historia personal". Para cada alma, su "historia" es una auténtica especie, única y diferente de cualquier otra historia personal.

 

Necesitamos magos y no aprendices de brujo

 

Si las vidas mineral, vegetal y animal estuvieran absolutamente fuera del radio de acción de las vidas humanas, experimentarían un tipo de evolución radicalmente diferente del que tendrían en el supuesto, que es el real, de que estuvieran dentro de él.

     Este hecho tiene más implicaciones que las superficialmente evidentes. Los tres Reinos subhumanos pertenecen de lleno al mundo natural, un mundo que podemos concebir como un gran ecosistema formado por tres inmensos campos de fuerza de cualidad mental, sensorio-emocional, y físico-vital, y que tienen como expresión objetiva y densa al planeta que llamamos Tierra.

     Este grandiosos Ecosistema natural permanecería desconectado de ese otro Super-Ecosistema, de cualidades esencialmente distintas, que hemos llamado mundo sobrenatural, si no fuera por la presencia de los seres humanos. La razón es que sólo ellos, nosotros, son capaces de participar simultáneamente en ambos mundos. Participamos del mundo sobrenatural como almas espirituales, conscientes del Plan y de la Obra que dentro de él le corresponde al género humano. Y participamos del mundo natural como personalidades creadoras, dedicadas a ejecutar y cumplir ese Plan en el ámbito de la verdadera Naturaleza, la visible y la oculta.

     Los efectos nocivos y destructivos que la vida humana tiene por ahora sobre las demás vidas, y sobre la Casa común de todas ellas, la Tierra, se debe a que son comparativamente muy pocos todavía los seres humanos que se conocen y viven como almas, y actúan por tanto como personalidades creadoras en los tres aspectos del mundo natural. La situación se asemeja a la del aprendiz de brujo de la fábula, que despierta fuerzas y poderes que no puede manejar con sabiduría.

     Cuando haya menos aprendices de brujo y más magos verdaderos, lo que equivale a decir mentes iluminadas por la radiación del alma, el panorama y el paisaje pueden cambiar en forma decisiva. No sólo el paisaje externo y perceptible por los sentidos, sino también el paisaje interior, oculto y condicionante, en el que la vida también se manifiesta.

     La frase Mi Reino no es de este mundo, ha de ser armonizada con esta otra: Venga a nosotros tu Reino. Sólo por conducto de las almas que estén en el mundo sin ser del mundo, podrá verificarse ese saludable y salvador intercambio.

 

Ir al capítulo  14 

Ir al Índice

Escribir un nuevo comentario: (Haz clic aquí)

123miweb.es
Caracteres restantes: 160
Aceptar Enviando...
Ver todos los comentarios

Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

...
15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

...
02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

...