La voz del alma

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Propósito, Conciencia y Creación

 

La omnipresencia de la energía

 

La Tradición atribuye a la Divinidad tres cualidades supremas: la omnipresencia, la omnisciencia y la omnipotencia. La plenitud en la presencia, la sabiduría y el poder. Aceptemos esta afirmación, no como un enunciado teológico, sino como un adecuado modelo conceptual que puede ayudarnos a profundizar en la comprensión de la psicología del microcosmos humano, la triple entidad espíritu, alma y cuerpo que somos.

     Hablar de omnipresencia es hablar de la infinita continuidad presente en la energía universal que todo lo impregna, y que es, en última instancia, indistinguible del Espacio multidimensional. La naturaleza última del Espacio y de la energía universal omnipresente es inabarcable para la finita mente no iluminada del ser humano, pero la Realidad velada por esas palabras es la responsable de la existencia de esa mente, así como de los dos campos de percepción abiertos para ella, el campo de las ideas abstractas y el campo de las formas concretas.

     La omnipresencia de la energía es el fundamento de la radical interdependencia de todo lo que existe. La omnipresencia nos dice que no hay separación entre lo vivo y lo inerte, lo físico y lo psíquico. Aplicada al ser humano, establece el hecho de la continuidad entre las diferentes fuerzas y energías que lo organizan y estructuran como corporalidad objetiva proyectada en el espacio común, y como subjetividad estrictamente privada, el espacio personal que es inobservable directamente para otras subjetividades.

     La continuidad de la energía no contradice la discontinuidad cuántica, pues es una continuidad en la relación e interdependencia de todo con todo. Su mejor imagen es la naturaleza del vacío cuántico como burbujeante hervidero de partículas virtuales y mensajeras, tejiendo y destejiendo sin cesar la trama sustancial de todos los fenómenos perceptibles y observables.

 

El Universo consciente y pensante

 

Junto al Universo sustancial, esa red de energía viviente que subyace en todo fenómeno físico y psíquico, coexiste e interacciona con él un Universo consciente y pensante, que expresa cualidades de deseo, sensibilidad, emoción, análisis, razonamiento, planificación y organización de la conducta individual, y de los ambientes sociales que han nacido de la actividad humana sobre nuestro planeta.

     Así como la omnipresencia de la energía universal es un dato científico positivo, cualquiera sea la terminología expresada para nombrar a sus múltiples manifestaciones, la omnisciencia, o el saber referido al Todo, pertenece aun al mundo de la experiencia mística e iniciática, cuyo núcleo esencial se considera incomunicable e inexpresable. Ahora bien, lo incomunicable no tiene sentido en términos absolutos, pues estaríamos violando la premisa ya establecida de la omnipresencia de la energía universal, el substrato que permite la relación e interacción de todo con todo, en el seno del Todo.

     Lo incomunicable siempre es un hecho relativo, que adquiere validez o no según sea la cualidad e idoneidad del vehículo de comunicación elegido. Las elaboradas conceptualizaciones de la Física cuántica requieren un igualmente elaborado y sofisticado lenguaje matemático para su formulación simbólica, y serían literalmente incomunicables en términos del cálculo y del álgebra elemental.

     Por otra parte, cuanto más elaborado y complejo es el mensaje que se quiere comunicar, más refinado ha de ser también el soporte formal que sirve para incorporar ese mensaje y la información en él contenida. A partir de cierto umbral de complejidad, el mensaje y su expresión formal empiezan a ser indistinguibles uno del otro, pasando a ser aspectos inseparables de una misma realidad.

     La misma relación de íntima complementariedad entre el mensaje y su expresión formal la encontramos en la aparente dualidad conciencia-cuerpo, que tiene su más elevada expresión en la relación existente entre el alma, la conciencia perfecta, y la personalidad transfigurada, su expresión formal perfecta. La personalidad transfigurada es un soporte de información tan refinado y puro, que no introduce ningún ruido en la transmisión del mensaje del alma: la voluntad de hacer presente el Reino de los Cielos en la Tierra.

     La personalidad transfigurada no tiene conciencia propia, puesto que es la máscara perfecta para la conciencia del alma, la conciencia completa o perfecta. La perfección de la máscara se alcanza cuando se convierte en un medio transparente para la luz del alma, revelando entonces su verdadero rostro.

 

La inteligencia y el misterio

 

Toda forma de reduccionismo está siempre condenada al fracaso al tratar de explicar la realidad sobrenatural de la conciencia. El encaje entre la conciencia y el cuerpo sólo es posible admitiendo la multidimensionalidad del Espacio, del que participa el cuerpo humano. En el aspecto dimensional más elevado del cuerpo, la mente, es donde tiene lugar la conexión del punto matemático de observación que es la conciencia, con la sustancia mental, cuya cualidad propia puede ser referida como yoidad, traducción libre del término sánscrito ahamkara, que literalmente significa causa del yo, o hacedor del yo. Sólo una sustancia de esa cualidad puede acoger al yo consciente.

     El Universo es un inteligente sistema de relaciones activas y cambiantes. Pero esta afirmación sólo es posible porque en ese Universo hay puntos de conciencia, o átomos de vida consciente, que lo observan con intención de conocerlo y comprenderlo. A su vez, el Universo, o el Espacio, posee su propio sistema sensorial, de manera que está en continuo estado de observación de todo lo que ocurre en todas sus dimensiones. Estamos siendo permanentemente observados por el Espacio cósmico del que somos puntos de observación consciente.

     Lo que hace posible la observación inteligente y comprensible del Universo es su propia e intrínseca naturaleza inteligente y comprensible. Sin embargo, la cualidad más definitoria del Universo y del Espacio es el Misterio. El Universo, o Uni-verso, es la síntesis que subyace en el Multiverso, o Multi-verso, la que permite que la comprensión inteligente del mismo pueda ser permanentemente ampliada, renovada e impulsada desde nuevas perspectivas.

     El diálogo de la inteligencia con el misterio es lo que posibilita que la primera se transmute progresivamente en sabiduría. Toda sabiduría humana es una forma de participar en la omnisciencia del Universo y del Espacio. La omnisciencia del Espacio radica en su perfecta observación continua del sistema de relaciones universales e interdimensionales que continuamente tienen lugar en Su Seno. La cualidad holográmica y holística del Todo y del Macrocosmos, hace que su Omnisciencia esté íntegramente proyectada en cada microcosmos pensante y vivo, en cada unidad viviente de conciencia observadora y creadora que es un ser humano.

     A escala humana, saber es algo más que conocer, aunque este siempre le precede y le anuncia. La sabiduría es la percepción comprensiva de la red de relaciones de las que participa la vida humana. Es la comprensión progresiva e ilimitada del lugar que ocupamos en el Universo, y del papel que nos corresponde desempeñar en él.

     La universalización del conocimiento, unida a su radicalización, o el proceso de ir a la raíz última del mismo, conducen inevitablemente a la sabiduría. Quien sabe su misión y es consciente al mismo tiempo de la presencia siempre renovada del misterio, comprende su responsabilidad para con el Todo, y su participación en la actividad creadora mediante la cual lo que está oculto ha de ser llevado a su plena expresión y manifestación.

 

El poder creador y la inercia de la sustancia

 

No hay creación posible si no se dispone del poder para crear. El poder creador supone la existencia de la capacidad de responder inteligentemente presente en la materia prima a partir de la cual la creación se va a plasmar y a manifestar. El poder creador requiere el conocimiento exacto de la relación que vincula, sin discontinuidad o interrupción posible, la Idea pura y creadora con la forma resultante del proceso creador, la idea plasmada y creada. Y este conocimiento exacto de la relación activa entre la cualidad potencial e inmanifestada, y la cualidad expresad y manifestada, es la sabiduría.

     El poder creador no puede ignorar la inercia propia de la sustancia a través de la cual la creación ha de ser plasmada y objetivada. Esta inercia es inseparable de la cualidad temporal y cíclica que tienen todas las formas creadas. Por ello, quien ejerce el poder de crear ha de sumergirse en la sustancia espacio-temporal, con el fin de vencer su resistencia, su inercia, a la recepción e impacto de una energía que le dará la forma querida por el creador.

     Toda actividad creadora se desarrolla necesariamente en el espacio-tiempo, pero la fuente de poder está y tiene el ser fuera de él. Esa fuente es trascendente respecto de la periodicidad del mundo natural. Esto justifica que el poder, como expresión de la voluntad creadora, sea la cualidad trascendente por excelencia, y la que provoca también efectos más perniciosos en el orden individual y social, cuando es erróneamente percibida, interpretada y aplicada.

     Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia son tres palabras que constituyen una adecuada síntesis simbólica de toda forma de actividad creadora, y de la relación de la vida consciente creadora con su creación. Este modelo puede ser aplicado tanto a la Cosmología científica, en su apasionante indagación del origen del Universo físico, dinámico y expansivo, como a la investigación psicológica de la conducta y la conciencia de los seres humanos.

 

La continuidad de la energía es el fundamento de todo arte creador

 

Tomemos un ejemplo significativo de la cualidad creadora que posee la sensible inteligencia humana. Empezaremos diciendo que la creatividad no es una cualidad exclusiva de la actividad artística, así como la espiritualidad tampoco lo es de la esfera religiosa o mística. Una teoría científica corroborada, que amplía y enriquece nuestra visión comprensiva de la Realidad, o una reforma social que incrementa la libertad y la justicia en el ámbito de la convivencia humana, son testimonios tan auténticos de la capacidad creadora como una sinfonía, un cuadro o un poema.

     Cualquiera que sea su campo específico de expresión, el creador es siempre alguien que penetra conscientemente en el mundo de las ideas vivas. El mundo que contiene las semillas de lo que aun está por manifestar, de lo que es radicalmente innovador y nuevo como realidad formal existente en el mundo de las apariencias transitorias, aunque eternamente presente como potencialidad en el mundo de las ideas arquetípicas. A ese mundo le podemos llamar mente universal, referida al universo en el cual se puede proyectar la acción creadora humana.

     El ser humano sólo puede ser verdaderamente creador cuando responde a la mente universal, el campo de las ideas susceptible de ser percibido por la mente abstracta, pero oculto a los sentidos y al análisis racional de la mente analítica y concreta, vinculada a los sentidos mediante la intermediación del cerebro. Para que la conciencia cerebral registre con suficiente nitidez lo que la mente superior registra, es necesaria la continuidad ininterrumpida de algo sustancial que establezca la relación entre ambos polos de la experiencia creadora. Ese algo es la energía omnipresente en la entidad humana como campo integrado de fuerzas psico-bio-físicas, capaces de interaccionar con campos globales de análoga cualidad.

     Esta continuidad de la energía carecería de virtualidad si no estuviera acompañada en paralelo por una continuidad en la percepción, en la comprensión de las relaciones existentes entre el impulso creador inicial y las peculiaridades de la materia y las herramientas mediante las que la idea creadora ha de convertirse en la forma creada. Finalmente, esta comprensión sería inoperante y estéril si no estuviera acompañada a su vez por el poder efectivo de realizar y llevar a su consumación el proyecto creador, que culminará en la exteriorización de lo que antes estaba oculto.

     Sólo la sabiduría abre las puertas del poder benéfico. El mero conocimiento, que no está complementado por la cualidad de la comprensión amorosa, abre sólo parcialmente las puertas que permiten acceder a las fuentes del poder creador. El poder así manifestado es siempre dañino y destructor. Un poder que nutre el orgullo, la ambición y el dominio ejercido sobre cosas y personas.

     El poder integral es la expresión de la voluntad de crear y manifestar aquello que es conocido y comprendido internamente. Esa exteriorización de la voluntad creadora es siempre un acto de amor, pues supone la realización de una unión más íntima entre la vida creadora y la sustancia a través de la cual ha de plasmarse la creación. Esta unión dura todo el tiempo que dure el proceso creador, esa inmensa cópula amorosa entre el no-tiempo en el que ocurre la inspiración creadora, y el tiempo en el que se desarrolla la actividad creadora.

     Si el poder es la expresión de la voluntad de crear, la sabiduría es la capacidad de conducir la actividad creadora hasta la consumación del propósito que la motivó.

 

La actividad creadora y la redención de la sustancia

 

Las tres cualidades supremas de la omnipresencia, la omnisciencia y la omnipotencia, nos sitúan ante tres grandes "experimentos" que constituyen la Gran Obra de la Creación, la sagrada Alquimia Cósmica en la que todos estamos llamados a participar. Estos tres experimentos suponen también tres modalidades de participación en lo universal abiertas a todo ser humano. 

     Por una parte tenemos la Actividad Creadora universal que pone en relación fecundante al mundo sobrenatural con el mundo natural. El propósito de esta aproximación más íntima entre el polo espiritual y el polo material de la vida-energía universal, es lo que simbólicamente se conoce como la redención de la sustancia. En la terminología, aparentemente cristiana, pero perteneciente en realidad a las escuelas de misterios, la misma idea se expresa mediante la frase la ascensión de la virgen al cielo, en la que el término "virgen" se utiliza como símbolo de la materia prima universal, o sustancia-raíz a partir de la cual surge toda Creación o Manifestación.

     Este experimento permite incorporar a la sustancia inteligente una nueva cualidad responsiva a la conciencia perceptora y creadora, en virtud de la cual la forma creada se va adaptando progresivamente a las necesidades expresivas de la vida en manifestación que la requiere y utiliza para plasmar su creación.

     A medida que esta actividad creadora vaya progresando, la actual condición inteligente de la sustancia-energía que integra las formas utilizadas por las distintas vidas en evolución, se irá transmutando en una condición sabia. Esto significa que en el futuro, la sustancia-energía responderá de manera directa al llamado creador de la vida consciente que la invoca, para crear con ella formas más "transparentes" para la expresión de sus intrínsecas cualidades.

     La redención de la sustancia se opera en la oculta intimidad del psiquismo humano, cada vez que existe un esfuerzo consciente y voluntario para trasladar el centro de gravedad de la conciencia desde lo personal y posesivo hasta lo transpersonal y participativo. Este esfuerzo va unido a una nueva forma de interacción entre la energía del alma y los tres campos de fuerza de la personalidad,  mental, emocional y físico, incluidos en campos más amplios de alcance planetario, de manera análoga a como el cuerpo físico está incluido y forma parte del planeta Tierra, en su dimensión exclusivamente física. 

     Por lo tanto, toda vivencia subjetiva tiene definidas implicaciones planetarias, pues el psiquismo humano está conectado con el campo psíquico, o campo de conciencia, que impregna y envuelve a nuestro planeta.

 

La Conciencia universal

 

La entrada cíclica de las almas en la manifestación temporal es la forma mediante la cual las vidas humanas participan de la Actividad Creadora universal, y sólo ellas pueden llevar a cabo esta sagrada misión. Esta primera forma de participar en lo universal es posible porque las almas participan en una segunda condición universal, como es la conciencia grupal, la percepción global y comprensiva de las relaciones que vinculan lo sobrenatural con lo natural.

     Recordemos que la razón de existir de las almas es precisamente proporcionar este eslabón entre ambos mundos. Ellas son el como que constituye el nexo entre el arriba y el abajo. El alma está en constante estado de "sacrificio", hasta que quede permanentemente asegurada la unión, y la relación constante y sin impedimentos, entre lo espiritual y lo material. Cuando el alma logra transfigurar su máscara, la personalidad, su vida sacrificada llega al umbral de su culminación. Así el alma se libera.

     El día de la liberación tiene lugar cuando el que el alma pasa por la experiencia iniciática de su crucifixión o muerte mística. El hijo ha retornado al padre, o el espíritu ha reabsorbido al alma, junto con toda la experiencia acumulada en el exilio primero, y en el viaje de retorno después.

 

El Propósito universal

 

En la Conciencia universal subyace un Propósito esencial, formulado y desarrollado en un Plan arquetípico y creador. Este Propósito vincula, de una manera inimaginable y misteriosa para el actual desarrollo consciente de la Humanidad, la evolución de las vidas presentes en ese "átomo galáctico" que es el sistema solar, con las Vidas Cósmicas que tienen Su Campo de expresión y manifestación en aspectos dimensionales del Espacio aun inaccesibles para nosotros.

     La Evolución Cósmica siempre busca el establecimiento consciente de relaciones más íntimas y estrechas entre todas las vidas incluidas en ella, para crear nuevos campos de contactos, relaciones y conocimiento. Las vidas humanas son unidades espirituales armonizadas y sintonizadas con este Propósito y el Plan que lo expresa. Hay un misterioso Designio en todo lo que acontece dentro del Todo, y el espíritu humano participa de ese Designio. Esto es lo único que podemos afirmar. Especular sobre la naturaleza del Propósito o Designio, es perfectamente inútil mientras el Plan, que lo oculta primero y lo revela después, no sea suficientemente conocido, comprendido y ejecutado.

 

La vivencia del Propósito y el servicio al Plan

 

La comprensión del Plan es facultad del alma. La ejecución del mismo es la tarea de las almas que descienden cíclicamente a la manifestación o encarnación. La plena vivencia del Propósito es la prerrogativa del espíritu que ha recibido y absorbido al alma que retorna, el universal hijo pródigo que vuelve a su fuente de origen.

     El espíritu participa del Propósito universal, y su cualidad específica es la voluntad creadora.

     El alma participa de la conciencia universal, y su cualidad propia es el amor y la sabiduría.

     La personalidad participa de la Actividad Creadora universal, y su cualidad propia es la inteligencia razonadora y activa.

     Mientras la personalidad inteligente no se conozca a sí misma como alma espiritual en proceso de manifestarse, las obras creadas por ella serán incongruentes con el Plan arquetípico y creador, por lo que perecerán inevitablemente, así como ella misma está destinada a perecer y morir.

     La sabia y benéfica muerte permite renovar una y otra vez este experimento de crear de acuerdo al Canon presentado al alma, y que ella a su vez trata de presentar a sus sucesivas personalidades en la sustancia más densa del mundo natural.

     A medida que este experimento va teniendo éxito, y la personalidad creada va siendo más responsiva al influjo del alma creadora, la vivencia de la muerte se va aproximando irreversiblemente a un simple cambio en el enfoque de la conciencia, dentro de la continuidad de la conciencia perfecta y completa del alma.

    Sólo cuando el alma personificada responda al alma impersonal, reconociendo en ella su identidad, será posible servir al Plan de manera efectiva y real.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

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15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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