La voz del alma

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Una recapitulación

 

El modelo energético de la conciencia

 

Hagamos ahora una breve recapitulación del camino ya andado, el cual es un procedimiento característico del alma y de toda forma de evolución. En cada ciclo de manifestación, el alma recapitula toda la experiencia tenida hasta entonces, reducida a su quintaesencia o núcleo significativo. De esta manera lo aprendido se va interiorizando, "dejando espacio" para nuevas experiencias y nuevos aprendizajes. Análogamente, la evolución está siempre recapitulando el pasado, y ensayando nuevas alternativas y posibilidades.

     Inicialmente, planteamos el hecho experimental, o experiencial, de la existencia de distintos sabores psicológicos presentes en nuestra experiencia consciente del mundo. Entre ellos había algo así como dos gamas fundamentales. Por un lado, el sabor de lo posesivo, de lo excluyente, de lo que establece diferencias antagónicas, barreras defensivas y estrategias ofensivas. A esa manifestación reactiva del psiquismo humano le dimos el nombre de conciencia periférica.

     Junto a la conciencia periférica, y en continua relación con ella, existía un núcleo central de conciencia transpersonal, la conciencia del alma, de la que emanaba un nuevo sabor, caracterizado por las cualidades de la universalidad, lo participativo, lo solidario y, en general, lo que expresa una positiva, creadora y fraternal inserción en la vida cotidiana, con un hilo de continuidad otorgando sentido a la misma.

     Posteriormente, establecimos lo que podríamos llamar un modelo energético de la conciencia y la personalidad. Así, distinguimos tres niveles estructurales de la personalidad como tres campos de fuerza interconectados, de naturaleza mental, emocional y físico-vital. Estos tres campos condicionaban y determinaban a la expresión más externa, densa y tangible del cuerpo humano, el cuerpo físico material. A su vez, estos campos de fuerza están potencialmente condicionados por un punto central de energía, el alma, cuya emanación energética daba vida y coherencia a toda la estructura personal, su máscara.

     El tránsito progresivo de este condicionamiento potencial a un efectivo y real gobierno por parte del alma, explicaba el proceso evolutivo de todo ser humano, que se extendía a través de una multiplicidad de vidas personales, entre el nacimiento y la muerte, ocultamente vinculadas a la vida intemporal del alma. Este proceso alcanzaba un momento culminante en la transfiguración de la personalidad, o el pleno descenso del alma a la encarnación y la manifestación.

 

La necesidad del Plan

 

Dadas las extraordinarias diferencias observables entre los distintos seres humanos en cuanto a la calidad de sus vidas y manifestaciones personales, es evidente que cada alma tiene su ritmo propio y estado particular dentro de la gran tarea colectiva de la liberación. Cabe decir entonces que algunas almas han alcanzado ya, o están a punto de hacerlo, lo que para otras es aun un objetivo más o menos próximo o lejano.

     A pesar de estas diferencias, todas las almas participan de un organismo vivo llamado Reino de los Cielos en el lenguaje simbólico de los evangelios, caracterizado por la conciencia grupal y universal. Por lo tanto, no es posible incrementar más allá de cierto grado las diferencias existentes entre las distintas almas en manifestación, en su peculiar recorrido desde la ignorancia hacia la sabiduría, de la oscuridad a la luz, o del exilio al retorno consciente a la mansión paterna.

     De esta interdependencia esencial entre las almas nace la necesidad de un Plan que asegure el camino hacia la liberación de todos los seres humanos sin excepción. Sin embargo, ese camino no puede ser ofrecido de manera violenta e impositiva, porque sólo la libre decisión personal proporciona a las acciones humanas un auténtico sabor de libertad. Por ello, un verdadero Plan de liberación debería ser respetuoso con el libre albedrío germinal presente en todo ser humano, y ser entonces un Plan presentado y no impuesto.

     Un Plan de esta naturaleza sólo puede ser descubierto merced al libre desarrollo de la inteligencia creadora y del sentido de la responsabilidad social y colectiva, cualidades ambas que las almas tratan de hacer presentes en la conciencia personal, frente a las tentaciones insolidarias, egocéntricas y posesivas de la conciencia separada y separatista.

     Además, junto a este proceso de descubrimiento progresivo del Plan desde abajo, realizado por las personalidades o almas encarnadas, existían, jalonando con su presencia el desarrollo histórico, las vidas de aquellos que desde lo alto incorporaban al acervo humano nuevos logros decisivos y nuevas aportaciones necesarias para dar un sentido unitario y de síntesis a los descubrimientos del grupo anterior. Eran los mensajeros del Plan, presentes en la leyenda, la tradición o la memoria histórica como avatares, mesías o profetas.

     Estos seres de calidad excepcional y única, expresiones de la divinidad o dioses mismos para unos, o miembros insignes y excelsos de la familia humana para otros, parecían haber alcanzado ya una meta relativa para la evolución humana, la transfiguración. Por ello estaban en disposición de presentar el Plan desde su conocimiento global y sintético como almas liberadas y plenamente conscientes de sí mismas, a pesar de vivir en el limitado mundo material y terrenal. El mundo en el que el resto del género humano, almas también en proceso de manifestarse y exteriorizarse, aun se debate entre la ignorancia y la oscuridad.

     Para cada alma encarnada existe un alma influyente, como lo afirma con gran belleza el poema místico y filosófico del Cantar de los Cantares: Yo dormía, pero mi corazón velaba. Sólo la conciencia despierta puede despertar a la conciencia que duerme o se halla en estado de somnolencia espiritual. 

     La liberación de las almas está enmarcada en una perspectiva aun más grandiosa y de alcance cósmico. Desde esta perspectiva, la aproximación de lo divino a lo humano, y el reconocimiento de lo divino por parte de lo humano, supone la aproximación consciente entre los dos polos opuestos y complementarios del mismo principio substancial, a los que llamamos espíritu y materia.

     La misión fundamental confiada a las almas humanas es ejecutar esta aproximación y unión, en la conciencia, entre el espíritu y la materia, entre la energía básica de la vida espiritual, y los grandes vórtices o campos de fuerza sujetos al incesante ciclo del devenir, del nacimiento y la muerte, de la aparición y la desaparición. La tarea que las almas tienen por delante es unir lo natural y lo sobrenatural, tendiendo un puente de energía consciente entre ambas orillas. Ese puente de conciencia ha de unirse al ya existente puente de sustancia, presente gracias a la continuidad ininterrumpida del espectro de la energía universal.

 

El ser humano está a la altura de su misión cósmica

 

El ser humano está capacitado para llevar a cabo esta misión, este experimento dentro de la Gran Obra de la Creación. Para que esto sea posible, cada ser humano ha de ser esencialmente una unidad de vida espiritual que participa del gran océano de la Vida universal.

     Como ser espiritual, el ser humano es una unidad de vida perteneciente a la expresión más elevada del mundo sobrenatural. Para poder hacerse presente en el mundo natural, el mundo integrado por los tres grandes campos de fuerza mental, emocional y física ya mencionados, la entidad humana ha de emitir, digámoslo así, un reflejo de sí misma que pueda participar simultáneamente de ambos mundos, el natural y el sobrenatural. A ese reflejo del ser espiritual, el espíritu el padre, le hemos llamado el alma, el hijo que abandona la casa paterna en su afán de conocer "tierras lejanas y extrañas".

     El alma participa de la vida del espíritu, pero su razón de ser no es complacerse en ella, o gozar eternamente de la plenitud vital del mundo superior o espiritual. El alma existe para entrar en el mundo inferior o material, y llevar a cabo el gran mandato de hacer lo de abajo como lo de arriba, de unificar conscientemente lo que aun está escindido y separado desde ese particular aspecto.

     Cada entrada del alma en el triple mundo natural de fuerzas psico-bio-físicas supone la realización por parte de la misma de una unidad reflejada, una personalidad. Pero con una importante y decisiva diferencia en relación al reflejo que es el alma de su fuente de emanación, el espíritu.

     El alma es un exacto y fidelísimo reflejo del espíritu, junto con todas sus potencialidades inherentes. El evangelio lo expresa en frases como: Yo y mi padre somos uno, o Quien me ha visto a mí ha visto al padre. Sin embargo, el alma necesita construirse ese reflejo exacto de sí misma en el cambiante mundo de las fuerzas mentales, emocionales y físicas. Ese mundo está sujeto al tiempo, en contraste con la cualidad intemporal del mundo espiritual, el hogar de las almas. Al reflejo exacto del alma en los tres mundos inferiores le hemos llamado personalidad transfigurada, o el alma en plena encarnación y manifestación en el mundo material. 

 

La Ley de los renacimientos sucesivos y la trinidad humana

 

La Ley de los renacimientos sucesivos, o de las manifestaciones cíclicas del alma, aparece así como una sabia necesidad dentro de la economía de la vida en evolución y su misterioso propósito.

     Tan radicalmente imposible le sería a un alma crearse un exacto reflejo de ella misma en el triple mundo de la personalidad mediante una única existencia personal, como lo sería para un estudiante asimilar todos los conocimientos humanos en un solo día de asistencia a la escuela. La insensata y torpe presentación de esta Ley básica, popularmente conocida como reencarnación, ha hecho mucho mal, tanto en Oriente como en Occidente. La consecuencia es que se ha postergado innecesariamente su inteligente consideración por parte de la comunidad científica, y en general, por todos los seres humanos comprometidos con la búsqueda libre e independiente de la Verdad. Por el contrario, una sensata e inteligente presentación de la misma puede traer un bien incalculable al conjunto de la vida social humana, así como a la captación global que cada hombre o mujer hace de su destino y la razón de su vida.

     La entidad humana refleja en su constitución una trinidad que todas las tradiciones mistéricas e iniciáticas respaldan sin excepción, aunque varíe la terminología empleada en cada caso. La que aquí se ha utilizado es la clásica de espíritu-alma-cuerpo, o espíritu-alma-personalidad. La palabra cuerpo sintetiza las tres envolturas que constituyen el aspecto forma de la personalidad: la mente interpretadora de la experiencia sensorial, la respuesta emotiva y sensible al contacto con el medio en el que tiene lugar esa experiencia sensorial, y la estructura vital que anima y organiza al cuerpo físico, relacionándolo a su vez con el campo psíquico racional-emocional de la personalidad.

     El ser humano es una triple cadena expresiva en la que el eslabón intermedio, el alma, tiene la misión de establecer la libre circulación de la energía entre los dos polos de la manifestación humana. Entre el espíritu, la fuente de la que procede el alma, y la triple personalidad, de la que el alma es la fuente.

 

Nuestro programa de trabajo actual

 

Nosotros, almas temporalmente encarnadas a través de nuestra personalidad actual, estamos en vías de construir y organizar el tercer eslabón de la cadena. Por ello, nuestra primordial tarea es conocernos como personalidades integradas, que puedan pensar, sentir y actuar de manera congruente. Lograda esta meta, el paso siguiente es conocernos como almas espirituales. Entre ambos logros ¡cuántas vidas abocadas a un aparente fracaso y absurdo! Nada tiene sentido en la existencia humana sin una perspectiva trascendente, lo que no significa una perspectiva religiosa o espiritual en la acepción corriente de estos términos. La auténtica perspectiva trascendente se logra cuando el ser humano asciende a la cumbre de su mística montaña interior, y descubre su verdadera identidad.

     Por último, después de conocernos como almas espirituales, un gran misterio se abre ante el eterno peregrino que es el ser humano, conocerse como esencial unidad de vida espiritual. Cualquier especulación sobre este acontecimiento distorsionaría inevitablemente nuestra percepción del mismo. Por lo tanto, dejemos abierta la puerta al misterio para que nuestra vida sea eternamente renovada e intensificada, pero sin perder de vista el paso inmediato a dar en la gran empresa de la liberación.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

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04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

...
15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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