La voz del alma

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La unidad de la vida

 

Sólo hay una vida

 

Nada de lo que se ha dicho en el capítulo anterior justifica que se diga, superficialmente, que vivimos muchas vidas. La manifestación cíclica del alma ha sido presentada, mediante el término popular reencarnación, con tal cantidad de inexactitudes y circunstancias banales, o simplemente ridículas, que la empresa de dignificar esta cuestión esencial para la adecuada comprensión de la vida humana, se asemeja al hercúleo trabajo de limpiar los establos de Augias.

     Sólo hay una vida para la personalidad y sólo hay una vida para el alma. La personalidad carece de pasado propio antes del nacimiento, y no tendrá futuro como tal después de la muerte. El alma está al margen del ciclo pasado-presente-futuro, porque su modo propio de existencia se sitúa fuera del tiempo, aunque puede entrar en él a voluntad para engendrar y construir una personalidad temporal que sea su medio de expresión en el espacio-tiempo de la existencia condicionada por la mente, la sensibilidad y el cuerpo.

     La vida de cada personalidad del alma es una revolución en la rueda del tiempo. La vida del alma es una continuidad en expansión integral, animada por un ritmo pulsante de aparición-desaparición.

     Todas las apariciones sucesivas de una misma alma son personalidades diferentes, aunque cada una es la consecuencia de las que la han precedido en la existencia temporal. Entre ellas hay un nexo de unión, un hilo conductor que está oculto tanto para la percepción sensorial como para el análisis racional de los fenómenos naturales. Este hilo sólo puede ser percibido desde el germen de conciencia transpersonal y universal que siempre está oculto en la conciencia del yo personal. Si este germen está aun latente, o si su débil actividad no ha superado todavía el umbral necesario para ser reconocido conscientemente, ningún rayo de conciencia-luz podrá filtrarse por los densos y opacos muros del yo personal. Cuando esto por fin ocurre, en ese instante en el que el hijo pródigo se levanta y reorienta sus pasos hacia la casa del padre, el resultado no es una recuperación espectacular de las vidas anteriores, porque tales vidas no existen en relación a una determinada personalidad.

     El alma no está particularmente interesada en que una personalidad suya conozca los detalles de otras manifestaciones, o personificaciones, anteriores de la historia personal a la que ella pertenece como un eslabón más. Sin embargo, el alma sí está interesada en hacerse presente en el triple mundo en el que nacen, viven y mueren las personalidades que ella proyecta sucesivamente para lograr percepción, conciencia, conocimiento y sabiduría en el mundo del devenir temporal, en análoga forma a como participa de estas cualidades en el mundo sobrenatural, su hogar, el cual está impregnado de tal dinamismo que pudiera engañosamente aparecer como estático a la lenta y perezosa visión de la mente aun no iluminada.

     El impacto del alma en la personalidad provoca siempre una crisis en la vida de ésta. El alma puede hacer suyas esas inquietantes palabras, tan frecuentemente malinterpretadas, del evangelio de Lucas (12, 51):

¿Pensáis que vine a traer la paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino más bien división

     Un conflicto inevitable se anuncia en el horizonte de la vida de aquél que ha sido tocado por esa presencia permanente, que guarda el secreto de la vida y el misterio del destino. El efecto de ese toque del alma es un conflicto entre las fuerzas psíquicas de la personalidad, cuya cualidad es el egoísmo, el temor y la posesión, y la energía del alma, luminosa, amorosa y sabia, que empieza a abrirse camino como una lenta pero irresistible inundación. Cuando la vida personal queda anegada en el océano de agua viva del alma, el conflicto cesa, y deja al descubierto una armonía fundamental que nunca estuvo ausente, y nunca dejó de dirigir las fuerzas combatientes hasta el triunfo final para la dos partes.

     La cualidad propia de la energía del alma se corresponde con el verdadero significado de la palabra virtud, el cual se puede describir de la siguiente manera: Virtud es energía organizada y organizadora. El alma es siempre fuente de virtud, es decir, de energía organizada según sus dos cualidades inherentes, el amor y la sabiduría.

     Y la energía virtuosa irradiada por el alma tiene como tarea organizar a las tres fuerzas de su máscara terrenal, las fuerzas del intelecto, de la emoción sensible, y del cuerpo físico, en su doble aspecto sutil y denso. El fruto inevitable de tal organización es el restablecimiento de la continuidad de conciencia entre el alma influyente y su reflejo encarnado en el mundo natural, la reminiscencia platónica o el fin de la amnesia en la que el ser humano vive respecto de su origen espiritual. 

 

No hay una vida anterior

 

Una de las formulaciones más engañosas que se dan en relación a la manifestación cíclica del alma es la contenida en la expresión: en una vida anterior yo fui… Tal vida anterior no existe en ningún caso, cualquiera que sea el yo que aparece como sujeto de esa supuesta existencia.

     Si el yo que así habla es el yo personal, como ocurre normalmente, no hay ninguna anterioridad posible para él, porque es un yo nacido, y por lo tanto un yo destinado a la muerte y la aniquilación. Sólo lo que haya de conciencia-alma en ese yo está al margen del nacer y del morir. Pero ese aspecto de la conciencia del alma no podría nunca pronunciarse en semejantes términos, pues para ella no existe anterioridad ni posterioridad, sino la continuidad ininterrumpida de una cíclica inmersión en el tiempo, para realizar y cumplir un propósito que estará misteriosamente escrito en el así llamado destino personal, a veces de apariencia arbitraria e injusta para la limitada visión y el conocimiento insuficiente del yo personal.

     El alma no conoce lo anterior y lo posterior, salvo como percepción libre y no identificada del mundo mental, emocional y físico, en el que reina el devenir, el incesante cambio, y la continua renovación de las formas. La percepción identificada que la personalidad tiene de sus propios estados anímicos engendra en ella la ilusión de que es un yo real y duradero.

     El toque del alma provoca también un cambio en la percepción que la personalidad tiene de sí misma. Como consecuencia, va descubriendo progresivamente que ella no es quien había creído ser. De esta manera se van extinguiendo sus erróneas orientaciones de conciencia, permaneciendo tan sólo la que le abre los ojos a su fuente espiritual de procedencia.

     El alma tiene un propósito, y es a causa de ese propósito por lo que decide iniciar un ciclo de manifestación en el mundo de la experiencia temporal. Dilucidar la naturaleza de ese propósito es una tarea inútil si previamente no enfocamos nuestro pensamiento en el mundo sobrenatural, que es el hogar en el que las almas conciben y dan comienzo a su intención de manifestarse.

 

Las dos modalidades de la mente

 

Enfocar el pensamiento en el mundo sobrenatural es, por paradójico que pueda parecer, una operación natural que la mente humana realiza con frecuencia sin que nos apercibamos de ello.

     Hemos admitido que no existe brecha o abismo alguno entre lo natural y lo sobrenatural, sino un espectro continuo de energía universal sin principio ni fin concebibles. Si utilizamos las expresiones mundo natural y mundo sobrenatural, es para discernir entre dos sabores de conciencia definidos por el campo en el que se enfoca la percepción.

     La mente funciona en dos modalidades diferentes, aunque complementarias. En una de ellas, la mente se abre, a través de la ventana del cerebro y de los órganos de los sentidos, al variopinto y cambiante mundo de las formas presentes en el mundo exterior. Además, mediante este modo de funcionar la mente, la conciencia perceptora registra los estados anímicos que configuran el espacio personal y privado, la subjetividad. Esta forma de autopercepción es la base de la creencia de la personalidad de que ella es un yo autónomo y autosuficiente.

     En el modo de sensibilidad mental que estamos ahora considerando, lo percibido en el espacio interior de la subjetividad es la reacción a los impactos del mundo exterior que nos llegan a través de los sentidos. Estas reacciones nacen de nuestra relación con las cosas, con las personas, con la vida social y ambiental, y con nosotros mismos. Son reacciones provocadas por el sistema mente-cerebro, y están supeditadas a lo que llega a la mente por mediación del cerebro y los sentidos. Este complejo y variado mundo de formas, sensaciones, y procesos de razonamiento, pertenece de lleno al mundo natural, y a la modalidad mental implicada en su percepción la llamamos mente analítica o concreta.

     Pero existe otra forma de sensibilidad mental, otro modo de funcionamiento de la mente, otra forma de percibir, y otro registro del sí mismo diferente del anterior. Hablamos ahora de una mente abstracta o una mente que está en el alma, así como la mente analítica y concreta es la mente que está en la personalidad. Ambas mentes son una y la misma mente, pero la personalidad no lo sabe mientras viva atrapada en las percepciones sensoriales que le descubren el mundo exterior, provocando en ella sensaciones de atracción o rechazo, placer o dolor, curiosidad o indiferencia. Estas reacciones de su sensibilidad, tanto emocional como intelectual, se constituyen a su vez en nuevos objetos de percepción para la conciencia mental de la personalidad, que al identificarse con ellas como sus señas de identidad, cierra el ciclo que engendra y sostiene al yo ilusorio, la falsa identidad frágilmente levantada sobre un terreno siempre movedizo e inestable.

     Sólo cuando la mente que está en la personalidad se abre al influjo de la mente que está en el alma, el germen de conciencia transpersonal que se oculta en la conciencia personal empieza a entrar en actividad, dándose así un paso decisivo en el propósito del alma de hacerse presente en el mundo de su máscara terrenal. Este contacto entre la mente-persona y la mente-alma se traduce inicialmente en la capacidad de pensar y razonar en modo abstracto, en registrar conscientemente el mundo de las ideas y los conceptos.

     Pero ¿qué es pensar en forma abstracta? Pensar en la modalidad concreta es manejar formas de sensación referidas a los objetos que los sentidos descubren, y referidas también a nuestra reacción psíquica a esas percepciones sensoriales. Pensar en forma abstracta es enfocar el pensamiento en el mundo sobrenatural, el cual guarda con el mundo natural una relación análoga a la que la mente-alma guarda con la mente-persona.

 

El pensamiento abstracto

 

Pensar en el modo abstracto es registrar campos de energía amorfa. Dicho de otra manera, pensar en el modo abstracto es registrar campos de energía carentes del tipo de forma que está presente en las percepciones sensoriales externas, además de las percepciones que a través del órgano de la mente la personalidad tiene acerca de sus estados subjetivos. Esos estados son de dos tipos bien diferenciados. Por una parte están los sucesivos estados anímicos, de cualidad emocional, que actúan a modo de atmósfera interior envolvente en cuyo interior discurre nuestra existencia. Y por otra, las opiniones o sistemas de creencias, con los que nos relacionamos mentalmente de manera análogo a como nos relacionamos físicamente con las cosas que podemos tocar y manipular.

     Para la visión mental interna, los pensamientos son formas, aunque de una dimensionalidad diferente a la de las formas en tres dimensiones que registra la visión externa. Registrar esas formas mentales es diferente del acto de registrar los campos de energía amorfos, sin la forma que es propia de los pensamientos, que llamamos ideas y conceptos.

     Mediante el acto de reflexionar podemos pasar de las formas de pensamiento a las ideas amorfas. Si observamos atentamente la palabra reflexionar escrita así: re-flexionar, vemos que significa volver a flexionar. La mente analítica y concreta está flexionada o inclinada hacia el mundo natural, en el que se encuentran las formas físicas que descubrimos merced a la conexión mente-cerebro-sentidos. Y también está inclinada, o flexionada, hacia las formas mentales que puede registrar el sistema mente-cerebro, sin que los sentidos externos sean ahora necesarios.

     Mediante la reflexión profunda, o la doble flexión, efectuamos una operación mental similar a la operación física de enderezarnos. Así adoptamos un punto de vista más panorámico y envolvente. Pasamos de la superficie de las cosas y de las sensaciones a una dimensión interior más alejada de lo estrictamente físico. Esta dimensión interior la podemos alcanzar cuando estamos atentos a lo que pasa y a lo que nos pasa. Cuanta más intensidad de atención seamos capaces de desplegar, más nos alejamos de la conciencia personal, para acercarnos a la conciencia transpersonal del alma. En esa misma medida estaremos en condiciones de observar las operaciones y orientaciones de la conciencia personal, pudiendo entonces proceder a limpiar y ordenar ese espacio consciente interior, de la misma forma que ordenamos y limpiamos nuestra casa.

     Toda reflexión es un proceso de abstracción del influjo de los sentidos. Es un camino que conduce del registro sensorial al registro consciente de otro campo susceptible de ser percibido. Ese campo es lo que llamamos mundo sobrenatural, porque es un mundo que mantiene una jerarquía simbiótica con el mundo natural. En ese mundo, las ideas del Bien, la Belleza, y la Verdad, son indescriptibles campos de energía que interaccionan con la mente que está en el alma, porque el alma es ciudadana de ese mundo por derecho sobrenatural.

     A la expresión más inmediata de esa interacción la hemos llamado pensamiento abstracto, la capacidad de la mente-alma para percibir las ideas, que se corresponde con la capacidad de la mente-persona para percibir las formas. La capacidad de manejar conceptos e ideas supone que se ha establecido una primera línea de contacto entre ambos aspectos de la mente, y que se está empezando a tender un puente entre el mundo natural y el mundo sobrenatural con un material nuevo. A ese nuevo material le podemos llamar, inadecuadamente, dadas las limitaciones del lenguaje, energía consciente. El puente que es así construido se suma al puente que ya existía entre ambos mundos, formado por energía sustancial, la que establece la continuidad entre todos los aspectos del espectro de la energía universal.

 

Los entes geométricos son entes sobrenaturales

 

Veamos ahora un sencillo ejemplo que puede ilustrar adecuadamente lo que entendemos por pensamiento abstracto y mundo sobrenatural. Hagamos una pregunta de apariencia sorprendente: ¿Ha visto alguien alguna vez un triángulo?

     Parece que la respuesta inmediata es decir que sí, que todo el mundo, aun sin tener nociones de geometría elemental, ha visto, no una sino muchas veces, triángulos de muchas clases, y además puede reproducirlos en cualquier momento en una pizarra o en un papel.

     Pero una reflexión más profunda nos lleva a contestar que nadie ha visto nunca un triángulo, ni lo podrá ver nunca con los ojos físicos. Un triángulo es, dentro de la geometría plana o euclídea, un ente geométrico ideal que puede definirse como una figura plana delimitada por tres segmentos cuyos ángulos interiores suman 180 grados.  A su vez, un segmento es un fragmento de línea recta, la cual es una entidad unidimensional, carente de extensión aunque no de longitud. Pero nadie puede dibujar una línea recta. Vivimos forzosamente en un mundo físico de tres dimensiones geométricas, y no nos es posible percibir entes de una, dos, o más de tres dimensiones. Podemos especular mentalmente sobre ese tipo de entes y desarrollar sus propiedades geométricas y matemáticas, pero los ojos nunca podrán percibirlos.

     Y ¿qué es la especulación abstracta sino una forma superior de percepción? La mente-alma puede percibir las ideas y registrar esos campos de fuerza que luego traducimos en conceptos y formas mentales. La mente-alma percibe la idea triángulo, la cual es, repitámoslo, una entidad amorfa, sin forma. Y la mente-persona traduce esa percepción unitaria de lo abstracto en las múltiples formulaciones de lo concreto. La continuidad sustancial y consciente entre ambos aspectos de la mente permite establecer la correspondencia entre la idea amorfa de triángulo y las múltiples formas triangulares que los ojos ven y la mente reconoce.

     Esto es ya una experiencia sobrenatural, porque en la Naturaleza no existen triángulos, ni rectas ni circunferencias, sino apariencias o formas de estas entidades realmente sobrenaturales, devolviendo a esta palabra su verdadero y universal significado.

     En total analogía, lo que percibimos en el mundo natural no son las almas directamente, sino apariencias y máscaras de almas, es decir, personas mentales, sensibles y dotadas de cuerpo físico. El proceso evolutivo y las cíclicas manifestaciones del alma en el mundo natural, harán que estas máscaras y apariencias se vayan refinando, haciéndose más transparentes para la luz y la irradiación de su morador interno, el cual es un ser sobrenatural, el alma, nuestro Yo real.

 

El sonido creador y las formas creadas

 

Los entes geométricos no son los únicos entes sobrenaturales con los que estamos más o menos familiarizados. Hay otra categoría de entidades mucho más inmediatas y cotidianas, que poseen una filiación sobrenatural. Es la categoría formada por el nombre de las cosas y los seres. Hagamos otra pregunta de apariencia sorprendente: ¿Cuál es el verdadero nombre de las cosas?

     Tomemos un ejemplo concreto y apliquémosle la pregunta anterior. ¿Cuál es el nombre verdadero para el objeto árbol? La conciencia ingenua respondería que no existe un nombre verdadero para designar a esa multiplicidad de objetos que genéricamente llamamos árboles, sino que cada idioma particular tiene un término para nombrar a lo mismo que en español nombramos con el término árbol, todos ellos igualmente verdaderos.

     Pero la conciencia no ingenua, la conciencia que se está educando en la observación atenta y reflexiva de la Realidad, admitirá la existencia de un sonido original o primigenio, consubstancial con las ideas y conceptos, entes abstractos y sobrenaturales. A esa premisa podemos llegar fácilmente si tenemos en cuenta que todo es energía en una forma u otra de expresión, que toda energía está siempre animada por alguna forma de movimiento y actividad, y que toda actividad vibratoria produce un sonido, siendo además causada ella misma por otro sonido más fundamental.

     Por lo tanto, podemos diferenciar claramente entre el sonido original, consubstancial a las ideas, y las múltiples expresiones formales y particulares de ese sonido, cuando éste pasa a través del prisma de la sustancia más densa.

     Todas las tradiciones mistéricas e iniciáticas han concedido siempre un papel fundamental al sonido creador, a la fuerza de la palabra, cuando esa palabra es pronunciada por una conciencia espiritualmente despierta,  actuando mediante una mente iluminada. El sonido físico tiene el poder de afectar a la materia circundante, empezando por la propia atmósfera, sin la cual no puede ser transmitido y oído por algún ser consciente y sensorialmente despierto. Si admitimos la prioridad de lo sutil sobre lo denso, de lo consciente sobre lo inconsciente, y de la idea sobre la forma, habremos de admitir la existencia de un sonido primigenio, consubstancial con las ideas o campos de energía amorfa registrables por la mente abstracta.

     Existe un sonido primigenio y creador, un auténtico sonido de poder, para la idea árbol, que se refracta en todas las formas sonoras mediante las cuales los distintos idiomas existentes o que han existido, han designado al árbol, así como a las múltiples y particulares formas arbóreas. Esas formas son las distintas expresiones de la idea universal árbol. El árbol, como idea arquetípica, no pertenece a la Naturaleza, como tampoco pertenecen a ella el triángulo o la circunferencia. Sólo la forma creada por la idea sonora es una criatura natural, sometida al ciclo natural del nacimiento y la muerte.

     Si nos vamos al mundo humano, las preguntas anteriores conservan toda su vigencia. Formulemos la siguiente pregunta: "¿Cómo nos llamamos?" La conciencia ingenua estaría otra vez tentada de responder que cada uno se llama según el nombre que sus padres quisieron ponerle. Pero ese nombre es el "nombre de pila" o de nacimiento, y no tiene más vigencia que el tiempo que dure el ciclo de existencia que empezó con el nacimiento y terminará con la muerte.

     Al morir, no sólo perdemos el cuerpo físico y los dos cuerpos psíquicos, el cuerpo emocional y el cuerpo mental, sino que también perdemos nuestro nombre. Pero al desvanecerse nuestro falso nombre podemos escuchar el sonido del alma, que nos llama por nuestro nombre verdadero. Entonces sabemos que no hay pérdida real sino recuperación de lo que es permanente e inmortal.

     Las almas también tienen un nombre, que es impronunciable e irreproducible por cualquier sistema, natural o artificial, de producción de sonidos. El nombre del alma es una palabra de poder a la que se van aproximando los sonidos producidos por las vidas de sus sucesivas personalidades o máscaras terrenales. Cuando la palabra del alma y los sonidos de la personalidad entran en relación congruente y resonante, puede producirse una transferencia espontánea de energía entre la personalidad y el alma, que culmina en la extinción de la primera en la segunda. Así el alma cumple una de sus misiones, como es crearse un instrumento perfecto de expresión en el mundo natural. La otra misión, complementaria de la anterior, es retornar a su propia fuente de procedencia, la fuente que en los evangelios se denomina el padre.

 

Primera formulación de la trinidad humana

 

El sistema sensorial humano está compuesto por la mente, el cerebro y los sentidos periféricos. Cuando se produce la fusión de los dos aspectos de la mente, el que se abre al mundo natural, y el que lo hace al mundo sobrenatural, entra en escena el alma, la conciencia pura y perfecta, como el único usuario de ese sistema. Tenemos entonces una relación triple alma-mente-cerebro.

     Estos son los tres eslabones fundamentales de la cadena expresiva de un ser humano. El propósito del alma al manifestarse en el mundo natural es establecer de forma permanente un canal de comunicación entre la conciencia del alma y la conciencia cerebral, hasta que ambas llegan a ser una misma conciencia. Sólo una mente iluminada, o en proceso de iluminarse, puede ejecutar esta función trascendente, pues merced a ella la conciencia puede trascender el mundo de las formas, e ir más allá de las percepciones sensoriales, descubriendo así un nuevo campo de contactos, percepciones y experiencias, el mundo sobrenatural, o El Reino de los cielos.

     Posteriormente, veremos que es posible expresar la trinidad humana de manera más incluyente, como espíritu-alma-cuerpo, o espíritu-alma-personalidad. Estas dos triplicidades se corresponden analógicamente:

 

espíritu       alma

alma         mente

cuerpo    cerebro

 

     Si empezamos por la columna de la derecha, vemos que la mente es la intermediaria entre el alma, o la conciencia pura, y el cerebro. Cuando el éxito permanente de esta mediación queda asegurado, aparece en escena una instancia superior, el espíritu. Entonces el alma pasa a ser la intermediaria entre la vida espiritual esencial y la vida de la personalidad, como pone de manifiesto la columna de la izquierda.

     Finalmente, esta función del alma como intermediaria entre lo espiritual y lo material se hace innecesaria, porque los dos polos de la manifestación humana, ambos igualmente divinos en su esencia última, han queda unidos y fusionados. Esto ocurre cuando tienen lugar dos grandes acontecimientos.

     El primero es la plena fusión entre la conciencia pura y perfecta del alma y la conciencia mentalmente condicionada de la personalidad, su máscara terrenal. El segundo acontecimiento es el retorno del alma a su fuente de origen, consumándose así la hierogamia o unión sagrada, la identificación del alma peregrina con la meta de su peregrinaje, la fuente de la partió y a la que finalmente retorna.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

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15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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