La voz del alma

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La ciencia del alma

 

Percepción y conciencia

 

De acuerdo con lo ya dicho acerca de las fuerzas vitales, éstas son fuerzas transmisoras entre la doble actividad psíquica emocional-racional, y la placa receptora del cerebro, dando lugar a lo que podemos llamar conciencia cerebral o de vigilia, el tipo de conciencia que está presente cuando estamos sensorialmente despiertos. La actividad psíquica tiene necesariamente una fuente de origen, y según sea ésta, así será la cualidad de la misma. Sólo hay dos fuentes posibles para ese tipo de actividad. Por un lado, está la conciencia mental de la personalidad, y por otro la conciencia pura del alma.

    La actividad psíquica que proviene exclusivamente de la conciencia de la personalidad, la máscara del alma, se origina en la experiencia sensorial del mundo exterior, que todo ser humano comparte con sus semejantes, y de la experiencia de su exclusivo y privado mundo interior. Esto es posible por la organización presente en su sistema sensorial, formado por la mente, el cerebro y los sentidos externos o periféricos. El sistema mente-cerebro-sentidos nos abre el mundo exterior, mientras que el sistema mente-cerebro, es suficiente para tener conciencia de nuestro mundo interior.

    La vida consciente propia del ser humano no depende en exclusiva del cerebro, de las fuerzas vitales o de las fuerzas psíquicas, sino de la coordinación efectiva de estos tres elementos. La cualidad propia de la vida consciente se encuentra en la actividad psíquica, en su doble vertiente emocional y racional. A su vez, esa actividad tiene su origen en las impresiones sensoriales y la correspondiente actividad paralela de las fuerzas vitales, que constituyen el necesario eslabón entre lo psíquico y lo somático o físico.

     Si fallan las fuerzas vitales en su función transmisora, el cerebro puede estar perfectamente sano y las fuerzas del psiquismo estar presentes, pero hay una interrupción en la circulación de la energía que impide que se encienda la luz de la conciencia. Si existe una lesión cerebral, acompañada por una deficiencia en la organización del campo vital que impregna al cuerpo físico material, el campo psíquico asociado a ambos recibe una información muy distorsionada y fragmentada acerca de la configuración del séxtuple campo sensorial que encierra a todo ser humano en su particular prisión de los sentidos. Por lo tanto, su respuesta tendrá también el sello de la incongruencia y la descoordinación.

    Las fuerzas vitales se organizan de acuerdo al tipo y cualidad presente en la actividad de las fuerzas psíquicas, tanto emocionales como racionales. A su vez, el cuerpo es la expresión más densa de las fuerzas vitales, por lo que el cuerpo llevará siempre la signatura propia de la cualidad de la vida mental de su usuario.

     La fisiognomía es una antigua ciencia, perteneciente al gran árbol de las ciencias tradicionales, que permite realizar una lectura muy precisa de la configuración psíquica dominante en una determinada persona, a partir de la correspondiente configuración dominante de su cuerpo material, de la que se han abstraído los rasgos exclusivamente determinados por la herencia genética. La calidad de nuestra vida interna deja sus propias huellas en el aspecto corporal más externo.

    Si la causa de la actividad mental es únicamente la conciencia personal periférica, y no hay ninguna presencia del alma en la misma, el campo vital, o cuerpo vital, se organiza según patrones de circulación e interacción internas que no son congruentes con el patrón arquetípico, o canon para la correcta circulación de la energía, que es inherente al alma, la conciencia perfecta o íntegra. No obstante, a partir de cierto grado de evolución de la conciencia, la situación habitual es que los impulsos que llegan a las fuerzas vitales sean impulsos híbridos, con fuerzas de la personalidad y energía del alma, en relación antagónica o cooperadora.

    El alma nunca es antagónica directa y frontalmente en relación a su personalidad o máscara autoconsciente, sino que se limita a no cooperar con ella cuando su orientación de vida no es la suya. Esto no impide que el alma esté siempre presente, atenta a cualquier ocasión favorable para hacerse oír y obedecer por asentimiento libre y voluntario de su consciente sombra terrenal. El antagonismo lo pone siempre la actitud conservadora y obstruccionista de la personalidad, que se niega a transformarse, y en un sentido muy real, a morir. Pero la muerte de la personalidad supone la posibilidad de que el alma alcance su plena expresión a través de su triple pantalla racional, emocional y vital-física. La muerte de la personalidad obstructora es en realidad el nacimiento de la personalidad cooperadora con el alma, hasta que tiene lugar la plena y definitiva fusión entre ambas.

    Los impulsos psíquicos que provienen del alma han de tener necesariamente una cualidad diferente de los que provienen nada más que de la personalidad. La verdadera Psicología científica se organizará de acuerdo al conocimiento exacto de cómo la energía del alma actúa sobre las fuerzas de la personalidad. El producto final de esa acción transformadora es la personalidad transfigurada, sobre la que nos extenderemos más adelante.

 

La ciencia del alma

 

La conciencia registra cualidades y hace una evaluación aproximada y relativa de las cantidades, pero no puede realizar mediciones cuantitativas precisas. Yo puedo apreciar mediante el sentido del tacto la diferencia entre un cuerpo caliente y otro frío, pero con la única ayuda de mis sentidos no podría establecer con precisión la temperatura de ninguno de ellos. La necesidad de efectuar medidas cuantitativas suficientemente precisas de los fenómenos físicos, y de encontrar correlaciones matemáticas entre ellas, fue la que presidió el origen de la ciencia moderna mediante los trabajos de Galileo, Kepler, Copérnico y Newton principalmente.

    Si la capacidad de medir cantidades es un atributo de los diferentes instrumentos que la técnica ha puesto al servicio de la investigación científica, la capacidad de registrar cualidades es un atributo de la conciencia puesto al servicio de nosotros mismos, para situarnos, orientarnos y movernos, tanto en el mundo material de los fenómenos, como en el mundo abstracto de los valores.

    La ciencia positiva natural, basada en la observación instrumental y la medición cuantitativa, alcanza un conocimiento probable y aproximado. Pero la región de la exactitud y de la certidumbre le está vedada. La ciencia del alma es, sin embargo, un conocimiento exacto y cierto de las cualidades, que arroja una luz nueva sobre los fenómenos que cualquier ciencia mental percibe y conoce con un inevitable grado de incertidumbre. Si la búsqueda de la Verdad es un impulso que el alma pone en la personalidad, resulta que la ciencia es en realidad el efecto de la actividad del alma cuando sus fuerzas de conocimiento están orientadas a la comprensión del mundo físico.

    No hay separación real entre alma y personalidad, sino una aparente y temporal división, que persiste hasta que en el campo de la conciencia hace su aparición una nueva modalidad perceptiva. En ese momento, la personalidad no sólo percibe el mundo externo y se percibe o experimenta a sí misma, sino que descubre el atrayente espacio consciente del alma, y toma la resolución de penetrar en él. Cuando lo haga, comprobará que ese espacio es su verdadero hogar y el lugar del que partió. Las percepciones que la personalidad tiene del alma son las que ponen en actividad a los impulsos superiores que tienen como origen la conciencia trascendente, posibilitando así la reorientación global de la vida de la personalidad.

    Sólo la subjetividad trascendente del alma es capaz de descubrir la objetividad trascendente que sostiene al mundo de las apariencias fenoménicas ilusorias, y los arquetipos de perfección que el mundo del devenir y del cambio incesante está destinado a manifestar. Nuevamente, resaltemos que no hay nada estático en el Universo, y que un arquetipo de perfección es una expresión del dinamismo progresivo más puro posible. Sólo la subjetividad trascendente del alma es capaz también de percibir, sin engaños, ilusiones o espejismos, lo que está realmente ocurriendo en la subjetividad cambiante de la conciencia personal. Gracias a esta capacidad para observar y conocer sin perturbar en lo más mínimo lo que está siendo observado y conocido, es por lo que existe una verdadera ciencia exacta del alma.

    La exactitud, desde la percepción global que tiene el alma, es la perfecta congruencia entre las cosas o formas objetivas, y el nombre, palabra o sonido creador que las trajo a la existencia. El alma, al emitir su voz hacia su máscara terrenal, está haciendo un ejercicio de alta magia. Mediante el mismo, la personalidad, la criatura del alma, es nombrada por su verdadero nombre una y otra vez, hasta que reconozca esa voz como proveniente del centro más recóndito y oculto de su ser, de la piedra angular que sostiene y soporta toda su mansión.

    La práctica continuada y persistente de la magia superior del alma introduce modificaciones trascendentes en la vida de la personalidad, haciéndola experimentar el sabor del Amor, de la Verdad y del Bien más allá de cualquier dulzona palabrería.

 

La vida invocadora

 

El alma provoca la respuesta de la personalidad, o la evoca, porque ésta puede a su vez invocar al alma. El grandioso destino de toda personalidad, y su culminación final, está en llevar una vida invocadora que haga posible el descenso de la energía del alma, utilizando como punto de distribución ese germen de conciencia trascendente que siempre oculta la conciencia personal.

     Una vida invocadora es una vida abierta a lo nuevo y desconocido, que conoce aun el temor, el miedo y la inseguridad, pero que enfrenta el aquí y ahora de cada instante con la fortaleza y resolución que proporciona el saberse invulnerable, indestructible e inextinguible. La intrepidez espiritual es el sello distintivo de la presencia del alma en la vida de la personalidad.

    La invocación construye un poderoso centro de atracción y recepción, que permite recoger las energías superiores que han sido evocadas. La invocación es posible en cualquier circunstancia, y tiene lugar siempre que se produce una saludable descentralización en la vida de la personalidad autocentrada y egocéntrica. Para efectuar el rito de invocar al alma no es necesario tener creencias religiosas o estar interesado en temas considerados convencionalmente como espirituales. Pocas tareas tan urgentes hay en este momento como restituir a la palabra espiritual toda su grandeza original, rescatándola del monopolio que sobre ella ejerce el rígido dogmatismo teológico y eclesiástico.

    La espiritualidad está presente allí donde haya un ser humano que se esfuerza honestamente por conocerse a sí mismo, por conocer y comprender a los demás, y por conocer y comprender al mundo en el que vive. De nada sirve la afirmación de lo divino mediante la palabra o los gestos externos, si la vida cotidiana no expresa de hecho lo que implica la trascendencia: ausencia total de egoísmo, de posesividad y ofensividad en el pensamiento, la palabra y la acción.

    Ninguna misión más apasionante puede proponerse el ser humano que emprender la aventura de llevar una vida invocadora, haciendo de ella el sólido cáliz que pueda resistir el poderoso impacto de la evocación del alma. La experiencia consciente de recibir respuesta del alma a nuestro llamado, provoca un estremecimiento de alegría similar a la gozosa emoción con la que se reciben noticias del ser amado en tierras lejanas. Sin embargo, no hay lejanía ni distancia en relación con el alma. Si a veces utilizamos términos que expresan la separación en el tiempo y en el espacio, es por la fuerza de la costumbre y por las limitaciones inherentes a nuestro lenguaje, que sin ser el lenguaje de las aves propio del mundo espiritual, sirve al menos para descubrir y explorar el espacio en el que ellas se mueven.

    El alma es quien nunca está ausente, es presencia constante, dentro, aquí, ahora, siempre. La ausencia del alma sería la ausencia de la fuente de la vida y de la conciencia. Sin su presencia la vida inevitablemente se degrada, provocando la atrofia de nuestra capacidad para percibir el mundo que la tradición tibetana denomina el Gran Este, el mundo del oriente místico por el que emerge el Sol de rectitud, de amor y sabiduría. Ese Sol somos nosotros. Afirmemos esta realidad sin hacer la más mínima concesión a cualquier modalidad del egocentrismo que engrandece e infla el falso yo. Nuestra grandeza lo es porque de ella participan todos los seres, y por ello no tiene límites ni fronteras posibles.

    Una vida invocadora no tiene por qué ser una vida de éxitos y triunfos mundanos. Puede ser con frecuencia una vida erizada de dificultades y problemas. Alegrémonos por ello, pues esto indica que las fuerzas obstructoras y crepusculares que aun residen en nuestro espacio mental no iluminado, se han apercibido del fundamental cambio de estrategia que conlleva la irrupción del alma en la vida personal, por lo que tratan de prolongar su espuria existencia, hasta los últimos estertores de la agonía final. Nuestra tarea no es combatirlas, sino ganarlas limpiamente para la causa que hemos emprendido, dejar que la luz del alma ilumine nuestra existencia, para poder identificarnos con su fuente de origen. Para ello, nada mejor que acrecentar la pequeña medida de luz que hayamos podido conseguir, y caminar sin desviarnos en esa luz en expansión, dejándola a ella la tarea de poner fin al reino de la oscuridad.

    Cuando tenemos la certidumbre de la rosa que nos aguarda, el tránsito por las espinas que jalonan el camino que conduce a ella puede ser una gozosa experiencia anticipada de la libertad. En el horizonte de todo camino espinoso, y en la cruz de la existencia material, hay una rosa, un punto irradiante de luz inextinguible que conoce nuestro nombre, y continuamente lo pronuncia para que el peregrino que somos no se extravíe en su viaje de retorno al hogar.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

...
15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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