La voz del alma

 Prólogo

 

Este libro aspira a cumplir un propósito urgente y necesario, como es contribuir al conjunto de cambios y transformaciones que han de darse en el ser humano y en la sociedad, si queremos adentrarnos en el futuro libres del indeseable equipaje de las estructuras sociales, económicas, políticas y mentales que generan injusticia y violencia, alimentando el miedo, la insolidaridad, el resentimiento y el odio. Creando división y conflicto en la conciencia humana y en nuestras formas de convivencia, incluyendo la relación con el medio natural en el que respiramos y vivimos.

     En las páginas que siguen se expondrá una reflexión general sobre el ser humano que piensa, siente y actúa en el seno de una multiforme civilización y cultura planetarias, sometidas a un proceso cada vez más acelerado de transformaciones radicales, de las que en ocasiones no sabríamos decir si responden a crisis de crecimiento previas a un futuro mejor y más amable, o a oscuros presagios que anuncian un derrumbe total de todo lo que consideramos bueno y deseable en el orden moral, intelectual o social.

     Este no es un libro que emprenda un estudio sociológico sobre el crucial momento histórico que atravesamos. Tampoco es un libro de ensayo en el que se defienda alguna tesis que entre a desempeñar su papel en el agitado mar de las opiniones enfrentadas, los enfoques ideológicos, o las corrientes de pensamiento más o menos respaldadas por el nuevo nihil obstat de la autoridad científica, o de cualquier autoridad con pretensiones de ser fuente de rectitud y ortodoxia.

     No obstante, en él se harán afirmaciones, se expondrán argumentos, se razonarán las conclusiones, se admitirá la hipotética probabilidad de cualquier tesis diferente, mientras el experimento y la experiencia cumplan con su función suprema de otorgar o retirar credibilidad y confianza.

     Este es, fundamentalmente, un libro militante, lo que en estricta lectura objetiva quiere decir un libro caminante. Un libro que camina hacia algún punto, con la invitación expresa hecha a cada lector que a él se acerca de acompañarle en su andadura, y ser considerado en esa itinerante compañía, no como impedimenta que se acarrea, sino como mapa que guía, orienta y proporciona confianza y sentido.

     En esta empresa que nos disponemos a acometer juntos, trataremos de estar atentos a la advertencia del filósofo y lingüista polaco-americano Alfred Korzybski de no confundir el mapa con el territorio. Igualmente, asumiremos el sabio consejo del Popol Vuh, libro perteneciente al pueblo kiché de la espléndida cultura maya, y orientaremos nuestros pasos hacia caminos que tengan corazón, lo cual es otra forma de expresar lo que Antonio Machado dijo, con la perenne sabiduría de la auténtica poesía:

Caminante, no hay camino

Se hace camino al andar

        

Todo esfuerzo por conocer, comprender y amar, se convierte en una actividad hacedora de caminos vivos. Caminos que nos conducen a la íntima presencia del otro, llevando como tarjeta de visita la gozosa expectativa de descubrir su peculiaridad única e irrepetible, y adentrarnos con amoroso respeto en ese espacio misterioso al que confusamente aludimos en una frase que la rutina ha revestido de engañosa trivialidad: cada persona es un mundo.

     Sin embargo, en el mundo personal de cada uno hay una joya oculta, una puerta escondida que conduce a otro espacio más incluyente, más vivo y cercano al origen de todo lo que existe. En ese mundo de lo transpersonal, la persona, es decir, la máscara, la careta y el disfraz, se convierte en el individuo, el indiviso, el no dividido. El que participa en la unidad primigenia y vive conscientemente desde esa unidad, se asemeja a alguien que contemplara el devenir del tiempo como el visitante de una verbena contempla el girar de los caballitos de un tiovivo.

     Paradójicamente, la palabra individuo se ha granjeado una reputación más bien dudosa. Con frecuencia se la utiliza de manera despectiva, o como sustituto denigrante del nombre de esa persona que no juzgamos digno de ser pronunciado.

     Sin embargo, por una de esas contradicciones que están presentes en los lenguajes post-babélicos, el término individualismo expresa lo contrario de lo que dice en su estricta literalidad: la división, la separación, el egocentrismo y la búsqueda del propio interés como método y actitud vitales. Por otro lado, el término persona expresa más bien un concepto noble del ser humano. Decimos ser persona como reivindicación de nuestra dignidad, y como demanda de ese reconocimiento por parte de los demás.

     Nuestra perspectiva se sitúa en un punto desde el cual el individuo y la persona entablan un diálogo y relación que dignifica y enaltece a ambos. Estas dos palabras tienen su lugar propio en el maravilloso universo contenido en todo diccionario.

     Cuando el individuo, o la conciencia que participa de la unidad no divisible, se hace oír con nitidez a través de la persona, aquello mediante lo cual se manifiesta el sonido, la palabra o el verbo, ocurre algo semejante a una sabia y amorosa conjunción entre dos polaridades opuestas y, por lo tanto, complementarias.

     El proceso que conduce a esta unión, a este reconocimiento de la voz viva entre los ecos muertos, es precisamente el camino que nos aguarda como seres no divididos, de manera análoga a como el árbol aguarda en la potencia aún sin manifestarse de la semilla, en el agua de las nubes, y en la cálida generosidad del Sol.

     Cuando la persona incumple su función de ser portavoz de la conciencia no dividida ni divisible, se convierte en una máscara ignorante y frágil, enfrentada al gran reto diario de vivir conscientemente, pero incapaz de percibir la continuidad que subyace en la diversidad bulliciosa del mundo de las formas. Incapaz de descubrir lo verdadero del otro porque desconoce su propia verdad. Incapaz de trasponer los límites del sinsentido, porque la vida no se experimenta como un proyecto abierto hacia el infinito, sino como una mediocre colección de ilusiones y desilusiones.

     La persona separada de su fuente de vida, de su razón de ser, como es la activa y consciente participación en la unidad que subyace en el mundo de la diversidad, es hacedora de laberintos que confunden y desesperan, y no de caminos que iluminan y liberan. En ese laberinto discurre buena parte de nuestra vida diaria, saboreando una y otra vez ese sinsentido del que escritores como Kafka, Sartre, Camus o Beckett, dieron testimonio.

     El sinsentido no es únicamente una experiencia interior dignificada en obras literarias o de pensamiento, sino que aparece en nuestra humana cotidianeidad colectiva como ignorancia, injusticia, hambre, miseria, enfermedad o violencia. Lo que determina la existencia del sinsentido es la incapacidad de reconocer la presencia oculta y no expresada de algo sin lo cual no nos podemos orientar, no podemos saber, no podemos construir sólidamente, no podemos vivir la vida como una ininterrumpida experiencia de crecimiento, de participación en lo que nos reconcilia, nos une, nos enriquece, lo que nos sitúa en el mundo y ante el mundo de manera dinámica y creadora, pero también benevolente y cordial.

     La búsqueda y el encuentro de esa presencia oculta es otra buena definición del camino con corazón que ya estamos haciendo. La conciencia de la unidad que se expresa a sí misma como conocimiento y amor, es el mensajero de esa presencia interior que confiere sentido. Es la palabra que en todas las tradiciones de magia ritual crea la forma externa de aquello que es nombrado. La palabra que proporciona una morada para que alguien vivo, consciente y sensible, la habite. La palabra creadora construye su casa y toma posesión de ella, pero el inquilino se desconoce a sí mismo como lo que es: un ser libre. Mora en su efímera vivienda como los encadenados de la cueva de Platón, tomando por realidades las fugaces sombras que aparecen ante su limitada percepción.

     Si aceptamos la propuesta del mito y del símbolo como la expresión de un arquetipo inalterable, y que al mismo tiempo se renueva incesantemente en el espacio-tiempo de la historia humana, tenemos que tomar seriamente en consideración que todo laberinto tiene su hilo de Ariadna y su Teseo triunfante. Toda ausencia de sentido es, para la observación atenta y lúcida, la demostración indirecta de que existe un camino que en sí mismo es su propia meta y el caminante que ha de crearlo.

     Aceptaremos esta premisa como la piedra angular de nuestro edificio. Como la primera regla del juego que nos proponemos como una experiencia lúcida y lúdica. Como la hipótesis de trabajo que va a guiarnos en nuestra aventura de conocimiento y comprensión. Abriendo caminos y borrando fronteras, tendiendo puentes y reconociendo vínculos, sumergiéndonos en lo múltiple para emerger hacia lo uno sin perder la memoria de su íntima relación.

     El primer paso ha sido dado. Estamos ya rodando sobre la pista y nos aguardan las estrellas. Pero, al igual que el aviador y poeta Saint-Exupéry, nos mantendremos bien alertas para no perder de vista esas pequeñas luces que salpican la tierra de los hombres y dan fe de que allí abajo discurre un aspecto de nuestra propia vida.

     Como en la sabiduría taoísta, miramos al cielo y a la tierra para reconocer su honda y extensa identidad, y aceptar ser testigos y testimonios vivientes de esa básica armonía.

     Esta aceptación tiene sabor a libertad y creatividad. En ella no hay lugar para complejos prometéicos, fáusticos o mesiánicos. Todo lo ocupa la presencia de un compromiso plenamente humano.

     Este es un viaje entre la tierra y el cielo, pero también a través del cielo y de la tierra. Un viaje a través de una dimensión oculta pero envolvente. Desconocida, pero eternamente dispuesta para ser descubierta, comprendida, amada y expresada.

 

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jose luis | Respuesta 19.01.2015 01.11

Muy Sabias e inspiradora expresion en todos los apartados que expones, te he descubierto hoy por CAUSALIDAD, en mi insaciable busqueda: Camino, Verdad y Vida :

María | Respuesta 15.06.2013 05.55

Leeré tu libro con interés. UN saludo.

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Comentarios

04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

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15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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19.01 | 01:11

Muy Sabias e inspiradora expresion en todos los apartados que expones, te he descubierto hoy por CAUSALIDAD, en mi insaciable busqueda: Camino, Verdad y Vida :

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