La voz del alma

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El polvo que empaña los ojos

 

Apenas una leve capa de polvo nos separa de la luz

 

Uno de los momentos más hermosos referidos en la literatura budista es el que tiene lugar inmediatamente después de la experiencia del completo despertar y la completa iluminación bajo la higuera sagrada, en la que la personalidad terrenal de Sidharta Gautama se extinguió, manifestándose así el Buda.

     De acuerdo a la tradición budista, se dice que el nuevo Buda, el último de una larga cadena de Budas anteriores, dudó por un instante de la capacidad de los seres humanos para asimilar el contenido profundo de la extraordinaria revelación que había experimentado, observando el Mundo Real como alguien plenamente despierto, alguien que conoce y sabe todo lo que ve. En ese momento, el dios Brahma, asumiendo el papel de portavoz de todos los seres que aun están atrapados en la Rueda de los renacimientos sucesivos, se hizo presente, dirigiéndose a él con las siguientes palabras:

     Hay hombres cuyos ojos apenas empaña el polvo. Hay algunos que comprenderán

     Tras estas palabras, que le invitaban a compartir su experiencia con quienes estaban en condiciones de recibirla y beneficiarse de ella, el Buda inicia su ministerio público, impartiendo la buena nueva de entonces. La realidad del sufrimiento, su causa, su cesación, y el camino que conduce a esa cesación. Estas cuatro afirmaciones constituyen las llamadas Cuatro Nobles Verdades, siendo la cuarta y última el Noble Óctuple Sendero.

     En todas las épocas de la historia humana sobre nuestro planeta, han existido hombres y mujeres que se encontraban en el umbral de la comprensión y la iluminación. Además, en justa correspondencia, nunca han faltado, en los momentos claves de nuestra historia colectiva como especie inteligente sobre la Tierra, mensajeros del Plan que han proporcionado el impulso y el estímulo necesario para que ese umbral fuera traspasado. Continuamente, el sendero de retorno al Hogar Común se ha visto enriquecido con las huellas vivas de algún nuevo peregrino, de un antiguo exiliado en tierras extrañas en proceso de despertar a su verdadera identidad, y descubrir la santidad de toda la Tierra.

     Los ojos de muchos seres humanos apenas están velados por una leve capa de polvo. Un mínimo temblor, tal vez un pequeño desajuste en la rutina de los asuntos cotidianos, puede ser suficiente para que ese tenue velo caiga y desaparezca, dejando expedita la vía que conduce a la fuente de origen. De esa fuente salimos con los ojos cerrados, y a ella volveremos con la visión iluminada.

 

La revolución integral

 

Hay un umbral de energía consciente, inteligente y amorosa, que tiene el poder necesario para cambiar el mundo, para hacer la gran revolución, la que actúa de manera paralela en dos direcciones interdependientes. La transformación de las conciencias y la transformación de la sociedad.

     Si queremos cambiar el mundo sin cambiarnos a nosotros mismos, proyectaremos fatalmente hacia el exterior todas nuestras contradicciones personales, las zonas sombrías de la conciencia en las que sobreviven malsanamente la intolerancia, la agresión, el dominio y la posesión, que durante milenios han envenenado nuestra vida en común.

     Si pretendemos cambiarnos a nosotros sin querer cambiar el mundo, aduciendo que las cosas están bien como están, o que la salvación y la liberación es un asunto personal, estaremos construyendo torres de marfil y paraísos artificiales que se convertirán en nuestras más sombrías prisiones. Nos convertiremos en cómplices por omisión de toda injusticia, miseria y sufrimiento padecidos por nuestros conciudadanos, los habitantes de la ciudad universal que es la sociedad de los seres humanos. Compatriotas de la patria común que es la Humanidad. Vecinos de una misma casa, la Tierra.

 

Las almas son cosmopolitas

 

Hoy más que nunca es posible que todos los seres humanos que se sientan auténticamente cosmopolitas, ciudadanos del mundo, se unan en la clara conciencia de que cada uno puede desempeñar su pequeña o gran parte, pero siempre importante e insustituible, en el trabajo común de cambiar el mundo, de cooperar con la vida en evolución, para que la unidad que subyace en la enriquecedora diversidad sea libremente reconocida y libremente traída a la manifestación. El Reino de los cielos puede venir a nosotros si nosotros vamos a él, y nos reconocemos en el aquí y ahora como ciudadanos de ese Reino, y lo dejamos bien patente ante nuestros contemporáneos con la cualidades expresadas en nuestra vida.

     Una vida vivida a la altura del Canon presentado por el alma, basado en la verdad, el amor y la belleza, es siempre una vida de poder, una existencia poderosa ante la que cualquier mafia organizada para prolongar la explotación, la ignorancia y la injusticia, tiene irremediablemente sus días contados.

     Repitamos esto: No existe poder maligno sobre éste ni sobre ningún otro mundo, dentro del inabarcable Cosmos, que pueda ofrecer resistencia al poder benigno que se despierta y se libera cuando se ha establecido una alianza entre el amor y la inteligencia. Todos los hombres y mujeres que están empezando a practicar la sagrada alquimia de fusionar estas dos cualidades del alma, están empezando a acumular igualmente el poder de la sabiduría. Un poder que no tiene parangón alguno en el orbe que nos concierne.

     La expresión amor al poder es una frase literalmente absurda cuando se la interpreta maliciosamente, pues aquellos que parecen justificarla con sus actos, no están expresando amor, y el poder que manejan está desprovisto de su núcleo esencial de vida. Digamos mejor el poder del amor, pues el amor es la energía más poderosa que existe. Pero no olvidemos que el amor no es una emoción, ni un sentimiento, ni una plácida sensación de bienestar generalizado. Imposible definir qué cosa sea el amor con palabras habladas y escritas.

     Digamos que el amor es eso inexpresable, pero intensamente real, que expresan las vidas de quienes no reconocen barreras, divisiones, fronteras ni separaciones, y disciernen inteligentemente el paso a dar por cada ser para que en su conciencia se haga presente esa unidad esencial.

 

 Podemos cambiar el mundo

 

Los servidores del mundo podemos cambiar, dignificar y embellecer este planeta, junto con las formas de vida que lo tienen como su morada natural. En esta proclama no hay absolutamente nada que pueda alimentar el orgullo, la vanidad, o la ilusoria creencia de formar parte de una minoría privilegiada y selecta.

     Reconocerse como servidor del mundo no es exhibir un título que exija un trato distinguido y deferente por parte de los demás. Es un acto de reflexión en profundidad, de lúcida responsabilidad, de comprensión clara de cuál es nuestra situación en el esquema general de las cosas. De cuáles son nuestros talentos actuales, y cuál es la mejor forma de negociarlos para incrementar el patrimonio y la riqueza de todos. De cuál es nuestra esfera de servicio y nuestra tarea en la Gran Obra.

     Reconocerse como servidor del mundo es, sobre todo, una decisión que nos moviliza para emprender alguna forma de acción práctica, y convertirnos en actores vivos del gran drama de la existencia. Así podremos reconducir la representación en el espacio-tiempo de nuestra vida en común hacia ese Día de Plenitud, en el que todas las máscaras serán vestiduras transparentes, luminosas, y reveladoras de la belleza que todos los seres ocultan.

     Es posible construir entre todos ese campo crítico de energía consciente que liberará en nuestro mundo una reacción en cadena sin precedentes en nuestra historia planetaria. Individualmente, somos responsables de nuestra vida. Colectivamente, somos responsables del planeta y de la calidad, no sólo de sus tierras, aguas y aire, sino también de ese fuego sutil e intangible que es la atmósfera psíquica que lo impregna y lo envuelve.

 

El servicio de Buda y de Cristo

 

Seres como Buda y Cristo, que testimoniaron con su vida la gloria de la plena realización humana que a todos nos pertenece, fueron grandes transmisores de energía espiritual hacia nuestro mundo. Esa energía es nuestro patrimonio colectivo más precioso, y está eternamente disponible para que nos sirvamos de ella, y poder servir al Plan y a la Vida en manifestación. Sirviendo, añadimos nuestra pequeña cuota a ese depósito mundial de energía, cuyas cualidades básicas son la sabiduría y el amor.

     Buda, el Señor de la sabiduría, nos mostró cómo eliminar la condición ilusoria de nuestra mente no iluminada, y de nuestra conciencia dormida o en estado de somnolencia. Abrió el camino que conduce a la iluminación y al despertar, en el que podemos saber quiénes somos y dónde estamos.

     Cristo, el Señor del amor, tomó el relevo de su excelso hermano, y nos mostró la realidad del alma que cada uno es. Testimonió con su vida que sólo viviendo como almas podemos regresar a la fuente espiritual última de la que procedemos, pues cada alma puede decir de sí misma Yo soy el camino, la verdad y la vida.

     Como parte de su servicio prestado al género humano, Buda introdujo la energía de la sabiduría en nuestra atmósfera psíquica planetaria. Esto ha permitido que muchos seres humanos, de ambos hemisferios, hayan podido avanzar con más rapidez de lo que en otro caso hubiera sido posible, en la comprensión de que la real identidad de su conciencia no radicaba en ninguna de las efímeras e ilusorias construcciones mentales generadas por el yo personal. En el conocimiento de que la identificación consciente y el apego con esas formas causa siempre sufrimiento, y que practicando la des-identificación y el desapego con lo que es ilusorio, el sufrimiento puede ser superado, lo que conduce a la iluminación de la mente y al despertar de la conciencia.

     La palabra nirvana significa literalmente extinción. Cuando se experimenta la extinción completa e irreversible de todas las erróneas orientaciones de la conciencia, el efecto resultante no es la aniquilación y disolución de toda forma de conciencia o identidad individual. Ese efecto no es expresable en palabras más que de forma aproximada y simbólica. Digamos entonces que en esa culminante experiencia nirvánica aparece, por encima y al margen de lo que afirme cualquier expresión del budismo académico y escolástico, la eterna realidad del alma espiritual, la conciencia búdica o conciencia espiritualmente despierta, que nunca ha estado dormida o en estado de somnolencia espiritual.

     Uno de los efectos de la consagrada vida de servicio al Plan llevada a cabo por Cristo, fue la introducción en nuestro planeta viviente de una intensidad de Vida nunca hasta entonces conocida por la Humanidad de la Tierra. Estableció un canal de comunicación entre el centro de energía más poderoso asociado con nuestro mundo, aludido en la expresión evangélica la Casa del Padre, o en la leyenda del mítico Reino de Shamballa, y el centro de fuerza que es la Humanidad misma. Así se garantizó que el Plan pudiera ser ejecutado por los propios seres humanos, viviendo plenamente como almas encarnadas, y plenamente conscientes de su naturaleza espiritual.

     Asimismo, en la escena más "espiritualmente poderosa" de las relatadas en los evangelios, la que aconteció en el huerto de Getsemaní, fue arraigada en la Tierra y puesta a disposición de todos sus habitantes, la capacidad de conocer el Propósito por el que existe nuestro planeta y la Humanidad que lo habita, dentro del concierto de los mundos planetarios y estelares en el que nuestro pequeño mundo ocupa su lugar. Únicamente el cumplimiento de la parte que nos corresponde en el Plan, da acceso al conocimiento del Propósito que lo motivó.   

     Buda encendió la luz que nos permite conocernos y reconocernos como lo que somos, y el lugar en el que estamos dentro del proceso que nos lleva a identificarnos con el ser real que somos, con nuestra inherente budeidad. Después, Cristo encendió una luz más intensa, mediante la cual los seres humanos podían encontrar el camino hacia sus fuentes de vida, y llegar a ser perfectos, completos e íntegros, como lo es el padre, la fuente de la que el alma procede, y a la que el alma retorna una vez cumpliodo su ciclo de exteriorización.

     Buda hizo posible el reconocimiento del alma, el despertar del yo que duerme al corazón que vela, como afirma el Cantar de los Cantares (5, 2). Para ello es necesario descubrir el carácter ilusorio de la personalidad separada. Cristo hizo posible la identificación con  el espíritu, mediante el pleno despliegue de las potencias del ama.

     El trabajo de los mensajeros del Plan está sabiamente ordenado para que esa sublime pedagogía que es la Revelación prosiga sin interrupciones.

 

Una lluvia de luz y de amor

 

En cada ser humano sin excepción hay un Buda y un Cristo vivos, pero aun ocultos. Esta es la absoluta garantía de nuestra salvación. Pero alumbrar al Buda y al Cristo internos es una tarea que sólo puede ser emprendida y consumada en virtud de una secuencia de gestos, iniciativas y decisiones libremente tomadas.

     Toda la energía espiritual del Universo gravitando en torno a nuestro planeta sería estéril si, desde abajo, como almas encarnadas y en manifestación, no abrimos canales y tendemos puentes para que esa agua viva que trae vida más abundante pueda anegar nuestro mundo. Una lluvia de luz y de amor aguarda para precipitarse sobre la tierra sedienta y yerma que pisamos. Y nosotros tenemos que ser quienes provoquemos ese diluvio que trae vida y no muerte.

     La vida invocadora de los seres humanos que están construyendo, en el silencio anónimo de la conciencia, el sagrado recipiente del Grial, capaz de acoger la energía del alma e irradiar su gloria, es una vida de poder mágico en su verdadero sentido. Esa vida es como una danza propiciatoria de la lluvia, que hará posible que la nube de cosas cognoscibles mencionadas por el sabio hindú Patanjali, pueda descargar su salutífero contenido sobre nuestros enfermos tejidos sociales, y hacer de la Humanidad un organismo sano y bello, consagrado a la maravillosa aventura de conocer y amar el misterio de la Vida en la que vivimos.

 

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Comentarios

28.06 | 11:31

Me alegra que tengas una página web. Te seguiré. Ya no andamos con los ladrillos . Un abrazo y que sigas en tu linea.
María

...
04.01 | 01:08

Acabo de escuchar una conferencia dictada por usted en el año 2015, a través de Mindalia. Me parece maravillosa su simplicidad y clara explicación. Le envío un

...
15.08 | 21:58

Temas muy interesantes que maneja en este espacio. ¡Gracias!

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02.03 | 03:52

hola es hermoso, recién entro a la pagina y se siente bien...tengo mucha curiosidad por leer el libro..felicitaciones.

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